13. Lo que es preciado para mi

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-Mi madre siempre tuvo un carácter de mierda...- Katsuki acababa de despertar y su opacado rostro mostraba cansancio.- Y mi padre siempre fue alguien razonable, pero no quita que es una basura...-

-No digas eso... Quizás él...- Miro hacia mi, con semblante serio, indicando que cerrara mi bocota.

-Mis padres no tenían una relación... "Normal"... Eran jóvenes y metieron la pata, fui su primera desgracia, debieron prevenirse así que sé que es toda su culpa, es como si los hijos tuviéramos que pagar por los errores de nuestros padres...- Hizo una pausa- Cuando tenía cerca de doce años y Himiko unos siete o seis, mis padres empezaron a discutir, más de lo normal, ya que era muy común verse llevar la contraria entre ellos, pero las discusiones se volvieron cada vez más y más fuertes, más frecuentes, más violentas... Más aterradoras para mí hermana y para mi.

Lo observé en todo momento y creí que al explicarme todo esto sus facciones cambiarían un poco pero se mantuvo igual, me puse a pensar que yo en su lugar al hablar de esto lloraría ,me hizo creer que el es más fuerte de lo que creía o solo lo aparenta muy bien.

-Himiko es una hija bastarda, la hija de mi madre y su amante, un hombre que nunca conocí, el hombre que nunca la reconoció, mi padre lo sabía pero la crío como si fuera su propia hija-

"Pero entonces, si no es tan malo ¿por que lo llamo basura?"

-Claro que Himiko sabía acerca de eso, se enteró muy joven y le dió repugnancia mi padre, por que no estaban vinculados por sangre, para ella era un desconocido que la alimentaba, la bañaba de pequeña y le leía cuentos antes de dormir-

Ambos sentados en cada esquina de la cama manteniamos distancia, pero las ansias por abrazarlo estaban por dominarme, recordando que aún siendo él, solo quiero darle consuelo.

-Es como si en toda nuestra vida nos hubiesen visto las caras de idiotas, no bastaba con nuestra madre recordándonos nuestra "maldita inecesaria existencia"... Para que también tuviéramos que ser testigos de los actos desagradables de ambos, insultandose, hiriendose, maldiciendose... Quizás para muchos niños era normal pensar que sus padres se amaban, que eran el producto de su amor, pero para Himiko y para mi, era normal pensar que éramos un estorbo, que era normal ver que sus padres se odiaban tanto.-

-...-No tenía que decir.

Las palabras no salían, ni siquiera era capaz de pensarlas.

"Yo era uno de ellos... De esos niños que pensaban en que eran fruto del amor de sus padres" y eso sólo me dolió, se supone que lo normal es pensar de esa forma, pero para Katsuki y Himiko debió ser difícil y confuso.

-La gota que derramó el vaso fue... ¡Tsk!... ¡Da igual, no importa!-

Sin darme cuenta hice una expresión que no le agrado en absoluto.

-¡¡Deja de mirarme así!! ¡¡Por eso no quería contarte una mierda!!-

Mi intención no era mirarlo con lástima, para nada, sabía que eso sólo lo lástimaria más pero no pude evitar pensar en él en esa situación. Pensar que, un pequeño Katsuki retenía sus lágrimas.

Me levanté para abrazarlo como deseaba desde hace rato pero me aparto con brusquedad.

-¡¡¡Detente ahí!!! ¡¡No te atrevas a creerte que...!!-

Sin darle importancia a sus advertencias, lo estreché contra mi cuerpo, de tal manera, con tal impacto que para que no forcejeara caímos a la cama. Y aún sobre él no lo soltaba en ningún momento, como si fuera a perderlo para siempre.

-¡¡Suéltame maldita...!!-

-¡¡Cierra la boca Katsuki!!- me levanté un poco para míralo a los ojos.- No creo que seas débil, para nada, solo perdoname pero tengo que hacer esto, así que ¡Cállate y siente mi afecto!

No era yo mismoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora