Desde el momento en que Azael abandonó el anonimato para darme a conocer su cuerpo —uno humano y perfecto—, no hubo retroceso. Todo se desplegó, silencioso, inevitable. La astucia disfrazada de paciencia, la cortesía que no pedía permiso, la manera codiciable en que se ofrecía… todo me envolvía, me seducía. Él sometió mis miedos.
Quizás, en un momento de quiebre, con la mente turbia y cansada, muchas de sus palabras me parecieron dulces, demasiado dulces. Sus caricias, firmes y directas, atravesaban mis defensas sin pedir permiso, y yo, incapaz de resistirme, sentía que cada deseo suyo, en esas noches en que permanecía cerca, me culpaba inexcusablemente.
No eran simples sueños húmedos los que me recorrían con un placer inenarrable, ni el lívido efímero que desaparece al abrir los ojos. Conocerlos fue la peor manera de romper con cualquier incredulidad. Porque conocer a Azael fue conocer el infierno y a sus habitantes.
Su presencia sometía mi humanidad. La quebraba, la arrastraba, la desnudaba.
En su tablero, yo era la ficha más importante. Me invitó a jugar un juego del que solo él obtenía ganancias, y aun así, me dejé llevar.
Yo representaba su cercanía al cielo, y, en la misma medida, él era mi pasaje al infierno.
ESTÁS LEYENDO
IN cubus ©
Fiksi UmumLa desordenada y estancada vida de Camila se ve irrumpida por sueños recurrentes que distorsionan su realidad. Las imágenes difusas de quién se mostraba en sus sueños pasaron a tener carne, huesos y un rostro. Un demonio, un Incubus, Azael... Vesti...
