El sufrimiento que no se dijo

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Yo no inventé YU-GI-OH! ni sus respectivos personajes

Una niña pequeña con su vestido blanco bailaba por los jardines, rozando la suavidad de las flores con la punta de sus dedos mientras tarareaba su canción favorita.

Su mamá la llamaba para que almorzara, pero ella sólo quería terminar su paso de baile. La mujer se acercó a ella para observarla mejor. Se sentía orgullosa de haber criado a una pequeña tan hermosa y soñadora como ella.

La niña le sonreía. — ¡Mamá! Quiero ser bailarina. – Ella le decía con alegría, sus ojos brillantes, aun tarareando aquella canción.

—¿En serio quieres ser bailarina nada más? – Yuugi le preguntaba con absoluta sorpresa y curiosidad. La joven le había estado contando acerca de cuándo era niña, sus sueños, lo que a ella le gustaba hacer.

—¡Claro que sí! ¿Acaso tiene algo de malo? – Ella le respondió, riendo ligeramente. Había aprendido a confiar en el pequeño chico de cabello tricolor, pues sabía escucharla, tal y como Bakura lo hacía. Valoraba su talento y sus sueños.

Aunque este mismo joven no decía nada de él.

—No, es solo que, serías también una muy buena cantante. – Yuugi dijo, rascándose torpemente su mejilla ruborizada.

Yuugi había estado visitando a Anzu cada vez que podía, disfrutando su voz, sus anécdotas, la risa que pronto estaba recuperando. No sabía por qué se había vuelto algo tan importante para él oír su voz. Hacía que todo su dolor sanara en tan solo unos segundos.

—Podría cantar, pero bailar es mi verdadero sueño. – Ella dijo con cierta melancolía. – Yo era fanática de Aileen Rao, una modelo muy hermosa. – Miraba al suelo al recordar, riendo nuevamente, frotándose el rostro. – Sólo tuve una oportunidad de verla y lo único que hice fue chocar con su cuerpo perfecto, mientras yo siendo la joven de cuerpo pequeño, caía al suelo. – Yuugi alzó sus cejas al oír esto.

—¿Y perdiste tu oportunidad? – Él preguntó.

—No, el empujón fue bastante fuerte. Se me había caído mi moño de la cabeza, ella lo recogió por mí, pero... -

La mujer era alta, su cabello largo y negro, sus labios carnosos pintados de rojo. Un vestido púrpura que denotaba elegancia, con un corte al final de su larga falda que revelaba parte de sus largas piernas. Su piel morena brillaba con la luz que mostraba un poco de sudor.

Había demasiada gente para que el cuerpo pequeño de Anzu pudiera alcanzar a su ídolo.

Un fuerte empujón la obliga a impactar contra aquel hermoso cuerpo, aunque la chica de cabello castaño no pudo mirarla ni dar nada más que un gemido de dolor cuando su cuerpo rebota en el suelo, sintiendo su lacio cabello caer sobre su rostro cuando su moño se soltó del mismo.

¿Estas bien, niña? – Una voz bella y sensual resuena en los oídos de Anzu, quien luego de acomodarse mira hacia arriba y sus ojos comenzaron a brillar en cuanto vio a quien tenía en frente.

La modelo se acercó con preocupación y su mano estaba extendida, mostrando un moño rosa que Anzu reconocía bastante bien.

Se te cayó. – Fue lo único que la mujer le dijo.

Anzu no sabía qué decir, abría su boca, pero las palabras no salían, casi no tenían sentido. Estaba demasiado emocionada para hablar.

Y hasta que palabras se formaron en su cabeza, salieron inevitablemente de sus labios. –Quédatelo. –

La risa de Yuugi sonó ligera, pero causó que Anzu se ruborizara. —¿Le dijiste que se quedara con tu moño? – A Yuugi le causaba más ternura que gracia aquel momento.

Lamentos EternosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora