Sintiendo otra vez

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Yo no inventé YGO ni sus respectivos personajes

Estaba molesto. No, esa no era la palabra; estaba furioso. Tampoco, ¡no había palabras para describir la rabia y la frustración que estaba sintiendo!

¡Se lo dijo! ¡Fue claro! Pero no, el enano impertinente tenía que hacer las suyas. Quería romper ese papel, quería golpearlo, quería ir y matar a Pegasus.

Isono vino a su despacho, con un papel en su mano, cuando leyó lo que decía y las firmas que había en ese papel, casi lo rompía. Quería quemarlo y hacer como que no lo había visto.

Pero, lo primero que hizo fue mandar a llamar a Atem a su habitación. Hablarían allí; a solas o no firmaría nada.

De ninguna manera tomaría su pluma y firmaría algo semejante. ¿Cómo demonios Atem pudo convencerlos y por qué rayos decidió hacerlo?

Lo esperaba impacientemente, trataba de calmarse o desquitaría toda su rabia sobre él. No iba a negar que se lo merecía.

El enano estaba parado frente a él con cara de nada, sin gritar sus planes, cuando Seto estaba esperando que justamente hiciera eso. Atem simplemente no podía hacerse el tonto. —Espero que me hayas llamado porque firmaste la hoja. — Atem rompió el silencio para hablar con arrogancia.

—Yo estoy esperando tu explicación. — El ojiazul dijo con firmeza. —No firmare esto. Sí quieres suicidarte, hazlo. — Suspiró pesadamente.

—¿Leíste la parte que dice que Mokuba será liberado? — Atem se puso en jarra denotando impaciencia.

Seto sólo pudo cerrar sus ojos, cómo sí eso se hubiera clavado sobre sus oídos; le dolía escuchar el nombre de su hermano luego de todos estos años. ¿La libertad? No era una palabra, tenía que haber una especie de trampa.

—No puedo hacerle caso a eso, ¿no pensaste que podía ser un engaño? — Seto discutió.

Atem mantuvo su mirada, sin dudar sobre lo que hizo. — También pensé en lo que tú hiciste con Gozaburo para liberarme. Un papel, firmado. Ese es nuestro poder —

—¿Nuestro? — El ojiazul se mostró confundido, alzando una de sus cejas, mirando de reojo al pequeño de cabello tricolor.

Atem asintió. —Tú y yo, tenemos ese poder sobre ellos. — Realmente no quería usar esa palabra, pero salía sola de sus labios, se sentía igual a Seto, no había ninguna diferencia entre ellos dos, ni siquiera en el primer día que él llegó aquí.

Seto sentía rabia, pues estaba de acuerdo y no quería. Debía hacerle entender a Atem que no tenía poder sobre nada ni nadie, sólo así se dejaría de locuras y estaría a salvo aquí. No podía perderlo de vista.

El contrato ofrecía: lunes, martes y miércoles sería sirviente de Pegasus; jueves y viernes de Gozaburo; recién el fin de semana lo tendría de vuelta. ¿Por qué se sentía preocupado? ¿Por qué le tenía miedo a esta decisión?

Atem le estaba dando la oportunidad de tener a su hermano de vuelta. ¿Por qué hacía eso? ¿Esperaba algo a cambio? Era un sacrificio demasiado grande y ninguno de los dos sabía el resultado de eso.

—Siempre tomas decisiones terribles. — Seto no tardó en darse cuenta de que aquello lo dijo en voz alta, cuando creyó que nada más lo había pensado.

—Te equivocas, esta vez estoy seguro de lo que estoy haciendo. – Atem sonaba determinado, y Seto se dio cuenta de eso, de que en serio él estaba confiando en sus decisiones. Aun así, rodó los ojos. No iba a dejar que Atem ganara esta discusión.

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