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La verdad en sus corazones

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YGO y sus respectivos personajes no me pertenecen

Se encontraba en un jardín; un hermoso y amplio jardín, donde el sol brillaba sobre el césped de un verde intenso, con flores de varios colores alrededor. El clima era perfecto, templado, no muy frio ni muy caluroso. Había bastante ropa blanca en la imagen. Había personas recostadas sobre la tierra, mirando al cielo despejado. Ese cielo se veía tan celeste y hermoso, casi no se podían encontrar las nubes.

Atem caminaba descalzo, sintiendo la tierra y el césped cosquilleando la planta de sus pies, rozaba sus dedos entre las flores, absorbiendo su aroma; Cerraba sus ojos con una serena sonrisa en su rostro, la sensación de la paz entera llenaba su ser, escuchando las risas de sus seres más queridos.

Estaban Yuugi con sus amigos, su abuelo e incluso Mokuba, disfrutando de este paseo tan tranquilo. También estaba...

—Seto...— Atem pronunció su nombre suavemente, ocultando la alegría que sentía en los más profundo de su pecho, estando nada más a centímetros de esa persona, llevando el blanco que hacía resaltar el color de sus ojos y aquel cabello castaño que ya no cubría gran parte de su rostro brutalmente. El ligero viento hacía volar un poco de su flequillo, revelando que Seto también estaba sonriendo.

El ojiazul se inclinó al oído del joven de cabello tricolor, disfrutando de la suavidad de sus mechones rubios cosquillear su nariz. —Te amo. — Aquellas dos importantes palabras hicieron palpitar intensamente su corazón, sin resistir a dibujar una sonrisa de oreja a oreja mientras besaba la mejilla de esa persona. Seto enfrentó sus ojos con los suyos, descansando su frente sobre la de Atem, sin borrar la expresión de calma y disfrute que reflejaba.

Atem quedó perdido en su mirada, como si estuviera hipnotizado y completamente mareado debido a la belleza de su ser, aquel cariño que creyó que no existía, estaba sucediendo frente a sus ojos y sin importarle nada quería repetir tales palabras que con semejante cariño le dedicaron.

Pero había un problema. No podía decirlo, no podía pronunciar eso que tanto quería gritar. Sus labios no eran capaces de formar aquellas dos grandes palabras para demostrarle el cariño que había crecido lentamente hacia esa persona. ¿Por qué no podía decirlo?

No podía decir que amaba a Seto Kaiba.

De pronto vio cómo la imagen se desvanecía en cenizas negras, la sensación de paz y serenidad estaba desapareciendo de manera deprimente, Atem quería alcanzar de nuevo ese paraíso, quería estar ahí y ser capaz de decirle a Seto que lo amaba. —¡Atem! — Esa voz que deseaba escuchar, estaba ahora gritando su nombre. ¿Por qué? ¿Iba a traerlo de vuelta? Quería regresar, volver a ese jardín, anhelaba recuperar esa paz.

Sus labios se movieron como si pronunciara ese nombre, pero nada salió. No emitió ni un solo sonido. Atem parpadeó con dificultad en cuanto vio una intensa luz que por poco lo cegaba, ruidos molestos invadían sus oídos y una cálida comodidad recorría su cuerpo. No supo cuándo ni cómo había abierto los ojos, admirando esa luz que lo molestaba tanto, y ese techo blanco que le causaba ciertos escalofríos.

A su lado, ese rostro que le generaba una extraña sensación de confort. Sus ojos azules denotaban desesperación, brillaban bastante. Sintió como si algo se hundiera en cuanto Seto se acercó a él, como si estuviera en una cama y el castaño se apoyara ligeramente en ella. ¿Era eso? ¿Dónde estaba exactamente? ¿Qué pasó con aquel jardín?

Sea como sea, no iba a evitar apreciar esta escena, esa expresión de preocupación que Seto denotaba. —Si no te conociera, diría que estás a punto de llorar. — Dijo con su voz ronca y dibujó una débil sonrisa en su rostro.

Lamentos EternosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora