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El inicio del fin

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Un poco tarde, pero llegó la actualización. ¡Ya falta poco para que se termine! Extrañaré demasiado esta historia y el efecto que tuvo en la mayoría ;v;

Para ser honestos, este capitulo fue mi favorito y ya verán por qué. Ya de por sí tiene bastante drama y suceden demasiadas cosas que los arrastrará al final.

¡Espero que les guste!

Advertencia: contenido sexual explicito

Yo no inventé YGO ni sus respectivos personajes

Otogi había sido enviado al hospital luego de que Gozaburo se haya asegurado de que Mokuba aceptara todas las condiciones. El niño debía mantener en secreto lo sucedido, o sea, que tendrá que mentirle y ocultarle a su hermano mayor. Debía ingeniarse para excusar la ausencia de Otogi en la mansión, y enfrentar la mirada fría de Seto que siempre lograba leer a través de sus discursos.

Sería difícil mentirle a Seto, pero Mokuba lo haría por el bien de Otogi, y por el bien de su hermano también. Ya que el trato de Gozaburo no quedaba solamente ahí.

Era el comienzo de una gran inspiración que el hombre había tenido luego de tener a Mai desaparecida. Seto le había explicado a Gozaburo que Mai se embarazó de otro hombre, posiblemente de uno fuera de la mansión, ya que la mujer anteriormente tenía permiso para salir de vez en cuando. Por tal motivo, el castaño se 'había ocupado de ella', porque no servía para trabajar ni tampoco para serle una esposa fiel.

En otras palabras, Seto se nombró a si mismo asesino de una mujer por quedar harto de las mentiras de esta. Gozaburo pareció haberse tragado semejante discurso.

O al menos, eso pensó el ojiazul, siendo felicitado por su frialdad y firmeza ante su alrededor, enseñando quien era el que mandaba en la mansión, y que, por eso, lo perdonaba de haber tomado una decisión semejante a sus espaldas.

La pregunta verdadera era, ¿quién mintió mejor? ¿Quién se la creyó?

No importaba, porque Gozaburo ya estaba pensando en otro plan a espaldas de su primogénito.

—¿Cómo estás, hijo? — Gozaburo le preguntó cínicamente a su hijo pequeño, mientras estaban a solas en el despacho. El niño mantuvo su cabeza agachada tratando de no nublar su juicio con las lágrimas.

No respondió.

—Lamento lo que le hice a tu amigo, es que debo defenderme cuando me amenazan de tal manera. Ese muchacho no sabe mucho sobre la prudencia, si quería atacarme tenía que ser astuto. Así como tú lo eres, hijo mío. No tienes ningún reglamento que seguir gracias a ese sirviente de prestigio, eres totalmente libre y, sin embargo, estás aquí. En el lugar donde perteneces. — El hombre caminaba alrededor del niño, buscando de reojo la expresión, aunque en su mente podía imaginar todos los gestos que el jovencito realizaba al escuchar atentamente.

Mokuba cerró sus ojos, las palabras de su padre entrando profundamente en sus oídos, sin creer ninguna de ellas. —Es una manipulación, como lo fue toda la vida.

—¿Le tienes aprecio a Atem? — Mokuba se sobresaltó ante la pregunta y oyendo el nombre del sirviente saliendo de los labios de su poderoso padre. Esto siempre significaba algo malo. Gozaburo detuvo sus pasos, sin soportar el silencio del muchacho y acercó su rostro al del pequeño para insistir. —Responde, ¿le tienes aprecio?

Mokuba trataba de no decir nada, porque cada palabra podría ser usada en su contra. ¿Qué podía responder? ¿Que no lo apreciaba? ¿Decir que no podía formar un lazo con un sirviente, porque eso era inadecuado? Entonces, Gozaburo se sentiría con la libertad de deshacerse de Atem, porque el niño había dicho que no le importaba en absoluto.

Lamentos EternosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora