El último día de mi vida

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Su llegada a ese lugar había sido repentina, le habían llevado a uno de los mejores sectores de la ciudad, un lugar que jamás en su vida imagino pisar.

Sus manos estaban sudorosas, su interior se revolvía con una extraña sensación de vacío . Su malestar empeoro cuando le obligaron a bajar de aquel lujoso auto, el frio le golpeo en el rostro, ¿será media noche? – se preguntaba así mismo, como si el saber la hora le diera un indicio de donde estaba.

Frías gotas de lluvia cayeron sobre su nariz obligándole a levantar la vista; frente a él se erguía un enorme edificio, que solo se iluminaba por las luces prendidas en algunos de sus pisos y por los rayos que se reflejaban sobre la construcción.

Rápido – dijo uno de los tres hombres que le acompañaban- debemos instalarlo para que descanse, mañana será un día importante.

Quiso respingar y salir corriendo en cualquier sentido alejándose de esos hombres, pero un pecho firme como roca le detuvo, era un guardaespaldas que sin duda le duplicaba en fuerza y tamaño, entre empujones y tropezones le llevaron al ascensor.

El rostro le dolía, uno de los gorilas, como él le llamaba, le había dado una bofetada en el rostro cuando intentó escapar al salir del orfanato, tenía hambre, estaba asustado, no de esos hombres, si no de la clase de cerdo que le esperaba en ese lugar, seguramente al entrar vería un anciano obeso, con fetiches extraños, lo más probable para el seria acabar muerto en una zanja o adicto prostituyéndose, así era esto; cuando ya no le servias mas a tu dueño te desechaba o te cedía a otro cerdo igual o más asqueroso que él.

¿A dónde me llevan?- les cuestiono en el tono más agresivo que pudo generar.

Pero ninguno de esos gorilas le contesto- tantos esteroides les dañaron el cerebro- sonrió para sí mismo cuando un bufido molesto por parte de unos de los hombres fue su respuesta.

Cuando por fin se detuvo el ascensor, el mismo hombre le empujo con más fuerza de lo debido misma que le hizo tropezar y por poco caer al suelo- oye estúpido- iba a terminar pero las puertas se abrieron dejando ver un hombre muy sospechoso..

Pensé que no llegarían nunca- dijo en medio de la molestia un peligris joven de ojos lilas quien vestía en su mayoría de negro con uniforme tipo militar.

Lo sentimos señor Suiguetsu, lo que pasa es que ese lugar estaba demasiado lejos, además el chico no es muy cooperativo – le empujan de nueva cuenta para seguir caminando dentro de aquel amplio pasillo alfombrado.

¿Qué demonios?- el ojilila se detuvo al verle mejor el rostro al chico, se acercó y le toco su lastimada e hinchada mejilla.

Los hombres palidecieron pero nadie pronuncio ninguna palabra- ¿quién demonios hizo esto?- les pregunto más que furioso- ¡saben lo importante que es este chico para el jefe¡- les grito- esto es algo que arreglaremos entre nosotros- se dio la media vuelta y siguió su camino.

Las palabras de aquel hombre le hicieron querer vomitar, su pánico era tanto que parecía brotarle por los poros, ¿Por qué era tan importante para él? ¿ Que pasaría en su vida de hoy en adelante?. Iba tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando se detuvieron frente a un lujoso umbral cromado, el hombre de los ojos lilas puso su dedo en un lector y las puertas cedieron a manera de un ascensor.

Jamás en su vida había visto tantos malditos lujos juntos, el lugar más refinado donde había estado era la oficina de la central de policía en la que trabajaba. Su asombro fue  mayor cuando vio una fuente en medio de aquel salón, recorrió con la mirada el lugar y comprobó que era mucho más amplio de lo que se había imaginado.

IndemnizaciónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora