17. El cuento

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AGONEY

No paro de dar vueltas. Estoy de los nervios. ¿De verdad voy a hacer esto? Voy a ir a casa de Raoul, con su familia. Dios. Dejo de andar por la habitación y me dejo caer bocabajo en la cama.

Ya está. No puedo ir. Ahora cuando venga, se lo diré: "Raoul, gracias por la invitación, pero no puedo ir, lo siento".

Y una mierda.

Porque entonces, ¿qué? ¿Entonces me quedo aquí con Manu, ensayando de nuevo una y otra vez las mismas canciones que estoy obligado a cantar? ¿Entonces volveré a dejar pasar una oportunidad de hacer algo que me haga feliz por... miedo? No. Tampoco puedo hacer eso. Otra vez no.

Ruedo sobre mí mismo en el colchón y me quedo mirando al techo. ¿Qué estoy haciendo? ¿De verdad merece la pena arriesgar todo lo que he conseguido hasta ahora por... qué? ¿Qué se supone que es esto exactamente?

Toc toc

Unos sonidos provenientes de la puerta me sacan de mis pensamientos. Debe ser Raoul que viene a ayudarme con la maleta como quedamos ayer. La idea es dejarla preparada antes de la firma de discos de esta tarde para poder irnos en cuanto acabe. ¿Y ahora yo qué hago?, ¿qué le digo?

Me acerco a la puerta mientras me muerdo una uña intentando calmarme, pero cuando abro, la imagen que encuentro no es la que esperaba.

-¿Alfred?

-Hola Ago -saluda sonriente el catalán- me manda Raoul para decirte que Manu le ha puesto a hacer otra prueba de sonido, así que no sabe si acabará antes de que tengamos que ir a la firma.

Suelto un suspiro lleno de frustración. Desde que decidimos que me iba a ir con él de vacaciones, mi agente no para de mandarle más trabajo del necesario. Creo que entre ayer y hoy ya ha hecho cuatro pruebas de sonido y tres de luces. Es surrealista. Y el pobre lo hace. Y todo por mi culpa. ¿Ves, Agoney? Otro motivo por el que no deberías irte con él, solo se van a complicar más las cosas, dice una vocecita en mi cabeza.

Vuelvo a centrarme en Alfred que me mira con cara de preocupación al ver que no contesto.

-Gracias, Alfred. Y siento que hayas tenido que venir hasta aquí solo para avisarme de esto.

-Bah -hace un gesto quitándole importancia- no te preocupes, yo estoy contento de poder ayudar en lo que pueda. ¿Sabes?, hacía mucho tiempo que no veía tan ilusionado a Raoul con algo -dice sonriente.

Sus palabras me caen encima como un jarro de agua fría. Soy un egoísta. Estoy decidiendo lo que hacer sin pensar en que no soy el único afectado. Él no merece esto. No merece tener que depender de lo valiente o cobarde que me levante cada día. Él merece... más. Mucho más de lo que yo puedo ofrecerle.

Empiezo a sentir un sabor metálico en la boca, dejo de morderme la uña y la miro. Genial. Ahora me he hecho sangre.
Alfred sigue mirándome esperando a que responda, pero yo no sé qué decir.

-Agoney, ¿estás bien?

Me quedo quieto.

-Sí, claro, tranquilo -pongo una sonrisa y él recorre mi cara con la mirada tratando de entenderme.

-¿Qué tal llevas la maleta? -pregunta algo receloso.

Suspiro y bajo la cabeza.

-Aún no la he empezado, Alfred -le miro, y por la mirada que me devuelve, sé que se imagina lo que hay detrás de eso.

-Aún estás a tiempo, Agoney -me lanza una mirada significativa- Pero no tardes mucho en empezar o será tarde.

Me mira a los ojos y, no sé porqué, pero me da la sensación de que no está hablando solo de la maleta. Empieza a darse la vuelta para irse.

Sing with me | RagoneyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora