Estuvimos patinando por unos dos minutos hasta que llegamos al lugar de descanso, donde había varias bancas donde sentarnos. En una de ellas estaban una pareja de ancianos tomados de las manos.
Mariana no pudo creer lo que estaba viendo. Era una escena bastante linda. Me acerqué con el globo en la mano y cuando estuve en frente de ellos les dije.
—Hola a la muy feliz pareja. Sé que no me conoce ni yo a ustedes pero solo quiero decirles que pasar tanto tiempo con la persona a la que le juraste amor hasta que la muerte los separara no es tan fácil. Es digno de felicitarse. Así que tomen.
Ambos sonrieron cuando les di el globo. No era gran cosa, pero ya sabes lo que dicen, la intención es lo que cuenta.
La anciana se puso de pie y con una cara inundada de alegría me dijo.
—Tú eres un muchacho muy atento... Gracias...
Me dio un tierno abrazo. Luego regresé con Mariana que estaba casi llorando, contemplando la escena.
—Eso fue muy dulce —Me dijo.
—Gracias, pero no hay tiempo de detenernos, viene lo mejor.
—¿A qué te refieres?
—Sígueme, amarás lo que sigue.
Comenzamos a patinar y entre más avanzábamos el lugar se ponía más concurrido y aumentaban los lugares para visitar. En una heladería nos paramos a comprar unas nieves. Páramos también en una antigua librería, algo pequeña, pero eso no evitaba que tuviera una gran variedad de libros.
En otro lado vimos a un mimo haciendo unas pequeñas imitaciones que hacían reír a Mariana. No dude en darle una moneda. Sin embargo, una de las cosas que más emociono a Mariana, fue una cabina de fotos instantáneas.
“Tenemos que entrar” había dicho en cuanto la vio. Acepté.
Nos tomamos varias fotos, una abrazados otra dándole un beso en la mejilla y otras formas divertidas. Cuando finalmente salimos tomó las tiras de fotos, me dio una a mí y Ella se quedó con otra.
—Tienes que prometerme que la guardarás y que no importa el tiempo que pase, la tendrás siempre.
Le sonreí.
—Prometido.
Seguimos avanzando. Un señor que vendía rosas nos ofreció, yo miré a Mariana de golpe y pensé que una no haría daño. Ella la tomó y me lo agradeció. Después de todo lo que hicimos el atardecer estaba llegando. Así que le propuse a Mariana bajar a la playa. Aceptó enseguida. Nos quitamos los patines y con los pies descalzos empezamos a recorrer la playa.
—Es un muy bonito lugar... ¿Por qué nadie viene?
—No lo sé, muchas veces la gente no aprecia las cosas lindas. Es como cuando muere una persona, nadie sabía lo mucho que la querían hasta que la perdieron. Pero este lugar ha sido mi favorito desde niño. Hace mucho que no venía.
—Bueno pues ya son dos personas que establecen este lugar como su favorito.
Solté una risita. Seguimos caminando hasta que el agua fría del mar nos mojaba los pies. Me tomó de la mano.
Era un bonito día. Y el cielo anaranjado teñía todo de un color rojizo. El viento movía el hermoso cabello de Mariana. En pocas palabras el clima me favoreció.
—Nunca olvidaré esto, Santiago. Fue la mejor primera cita que he tenido.
Le sonreí. No podía dejar de mirarla, me resultaba imposible. Lo único que deseaba era que ese momento nunca acabase, que por alguna razón nos quedáramos ahí para siempre. En ese momento sentía que no me faltaba nada, era completamente feliz.
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ENTRE LA NUBE Y LAS ESTRELLAS
Teen FictionSantiago Sachs es un simple adolescente tratando de cursar su primer año de bachillerato. Su vida no es la mejor que todas o, como él la describe, somos simples manchas más en el universo. Pero todo eso está a punto de cambiar cuando conozca a Maria...
