Jumin abrió los ojos preguntándose el por qué había accedido a recibir aquella copa de vino tan desagradable y nefasta. Aun cuando se lavó los dientes muchas veces anoche y tomó otros elixires mejores el sabor simplemente no se iba ¿Será que los de clase más baja tenían un poder especial para soportar este tipo de sabores en sus bocas por mucho tiempo? Tenía que investigarlo. No era posible que la gente gustara de estos tragos todos los días.
Soltando un suspiro, se refregó los ojos con una mano y comenzó a rememorar todo lo que acontecido. Aun cuando el disgusto era grande, en su mente se encontraba una emoción similar a la satisfacción haciéndole pensar que no todo fue tan malo. No, había muchas cosas de las que estaba seguro que su subconsciente quería repetir con aquella persona.
Jumin no era de muchas palabras, de hecho se agotaba cada vez que el menor sacaba a relucir sus sentimientos por Mc como si fuera el que más sufriera dentro de todo ese mundo lleno de miseria y suplicio –sí, los actores siempre eran demasiado dramáticos para expresar sus sentimientos-.
Aun con todo eso, hubo un momento en que ambos pudieron conectar fantásticamente.
Después de que Jumin se tomara la copa con desagrado, tuvo que pasar una interminable hora en la que Zen se negaba a dar su brazo a torcer frente a las constantes criticas del dueño de casa, y por ende, el menor se bebió tres copas fingiendo estar tomando lo más delicioso del mundo.
¿Cómo él podría hacerle entender lo que era degustar un verdadero y placentero elixir en su paladar? No había forma de explicarlo con palabras, sería un sacrilegio hacerlo, pero tampoco era bueno desperdiciar algo tan exquisito con alguien que no iba a disfrutarlo solo porque no podía darle la razón.
Tenía que saber hacerle comprender su error, por lo mismo, cuando se dio cuenta que el menor ya solo se centraba en hacer morisquetas de asco, mientras miraba la copa con desagrado, se levantó.
Sin pensarlo realmente, dejó a su felina mascota en el sillón bien acomodada y acto seguido se dirigió hasta la puerta pronunciando un fuerte y seco "sígueme". Su voz sonó mucho más autoritaria de lo que hubiera deseado, pero el mal humor no le estaba apoyando mucho en esos momentos.
Llegando hasta el ascensor, notó con satisfacción como el menor se encontraba a su lado, algo sonrojado por el alcohol que bebió, junto a su chaqueta y mochila. Al parecer el chico creía que estaba siendo echado ¿Cómo era posible que siendo un hombre adulto fuera tan fácil de leer? Esa parte de él le encantaba, por lo mismo no podía dejar de enmarcar una pequeña sonrisa.
Al llegar al piso deseado, comprobó con sus propios ojos la sorpresa ajena. Lo más seguro es que deseaba quejarse o hacer notar su equivocación, más se quedó callado y lo siguió completamente curioso hasta el centro de aquel lugar.
Su ingenua y honesta curiosidad también era algo de lo que le gustaba observar.
-soy completamente consciente de tu ignorancia – Comenzó con tranquilidad queriendo molestar al actor, era un placer del que no se podía privar, aunque lo negara verbalmente – por lo mismo seré bueno contigo y te enseñare
-¿Bueno conmigo? Vete a la mierda imbécil – Habló molesto centrando su odio en el contrario. Aquel lugar estaba húmedo y frio, tanto que le daba escalofríos pensar en lo que pudiera llegar a hacer ahí el empresario, pero no se iba a dejar amedrentar por el cretino. No, Zen le demostraría que no podía tratarlo como a uno de sus empleados
-quédate en silencio un momento – Acorralándolo contra la mesa que se encontraba cerca de ellos, lo miró con los ojos entrecerrados para mostrar su enojo. No había mejor forma de mantenerlo controlado – ya hablaste, tuviste todo el tiempo posible para hablar, ahora sé un hombre y acata obedientemente
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yo no creo en el amor
RomantikLuego de que ella escogiera quedarse con su mejor amigo y salvarlo de una muerte temprana, a Jumin no le queda nada mas que volver a su rutina aburrida esperando que nadie nuevo aparezca a afectarle nuevamente. No quería saber nada mas del amor, au...