Capítulo 4

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Miré el cielo a través de mi ventana y suspiré. Que ganas tenía de enterrarme bajo tierra y nunca más salir.

¿Se han sentido de esa manera alguna vez? Lo más probable es que sí.

Lo que más necesitaba en este momento, era uno de aquellos abrazos apretados que Shawn daba. Eran los mejores y a veces me hacían falta... Igual que ahora.

Decidí coger mi teléfono y marcar su número.

Contestó casi al tercer timbre.

—Lannie...—jadeó.—¿Qué tal todo?

—¿Shawnie? ¿Qué te pasa?

Suspiró.

—Salí a trotar. Son las diez, ¿qué necesitas?

—Te necesito. ¿Podrías venir unos pocos segundos?

—Por supuesto.

Tomé asiento en mi cama y apoyé mis brazos sobre mis rodillas mientras mi cabeza descansaba en mis manos. Mis ojos se llenaron de lágrimas de un momento a otro. Una angustia potente apareció en mi pecho. Quería llorar, llorar y llorar. Nada más que aquello.

Al poco tiempo después, sentí el peso de otra persona en mi cama, y al sentir su olor varonil, sabía de quien de trataba.

—Parece que una bella damisela en apuros solicitó de mi ayuda, ¿eh?

Asentí, mientras luchaba con tal de no romper a llorar.

—Siento mucho haberte llamado, Shawnie. No quería molestarte. Es sólo que... Es uno de esos días y yo...—suspiré.—No tenía a nadie más.

—¿Qué hay de Hailee?

—No sé que le sucede. Está muy rara últimamente.

Shawn se acercó un poco más, de forma que su rodilla izquierda chocara con la derecha mía.

—No tienes que pensar en eso. Ahora, dime, ¿por qué me llamaste?

—Mi padre no ha dejado de llamarme. Día y noche. Siempre me pregunta lo mismo. Si quiero salir con él el día sábado y... Yo... Esto es jodidamente difícil.

Sollocé mientras Shawn me atraía contra su cuerpo, de modo que su brazo rodeaba mi cuello. Besó mi cabello en repetidas ocasiones. Mi corazón estaba muy acelerado.

—No llores, Lannie Banani... Por favor. Me rompes el corazón y no sé muy bien que debo hacer.—reímos.

Limpié mis lágrimas.

—Necesito de tus sabios consejos, Peter. ¿Debería... salir con él?

Shawn suspiró. Me senté en posición de indio mientras lo observaba. Esperaba no verme tan mal.

—Es un tema complicado y delicado. Quiero que sepas que te adoro y que soy tu mejor amigo, eso nunca cambiará, ¿de acuerdo?

—Eso lo tengo claro.

Eso no lo tenía claro.

—Si yo fuera tú, lo pensaría con mucho cuidado. Digo, si él no quiso ser partícipe de tu vida por diecisiete años, ¿cuál es el interés de ser parte ahora? Tu madre te crió de una manera excelente ella sola, sin la ayuda de él. Así que no es como que pueda aportar algo ahora misma.

Asentí.

—¿Y bien...?

—Espera. Por otro lado, si es que tú sientes un hueco en tu corazón y si piensas que al tenerlo en tu vida, ese vacío se podría llenar, entramos en otro tema. Si es eso lo que sientes, ve y hazlo. Sal con él.

Better Off; Shawn MendesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora