Buscando una solución.

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Me quedé gran parte de la noche levantada pintando. Dejé salir la idea directo de mi mente; aún no le hallaba una forma clara, pero el color azul me daba una pista de por dónde ir.

—¡Qué sueño!... —me estiré para despabilarme un poco al ver el reloj de la pared—. ¡No puede ser! Apenas tengo tiempo para medio arreglarme.

Me olí la axila disimuladamente.

—Creo que si nada más uso desodorante por hoy no creo que lo note, y tal vez un rocío de perfume pueda ayudar...

Iba rumbo al cuarto cuando escuché que tocaban a la puerta.

—¡No puede ser! ¿Qué hago? —grité nerviosa—. ¡Un momento, por favor!

Me acomodé la blusa a la prisa y fui a abrir. Era Román.

—Ah, pasa. Espérame en la sala en lo que me arreglo, me voy al cuarto —le dije haciéndome a un lado.

—¿Cuánto te falta para que termines? —preguntó curioso mientras entraba.

—Ya mérito, en unos... ¿qué serán?, veinte minutos. Solo me cambio de ropa, me doy un retoque y voy para allá. Ah, por cierto, ¿cómo ves mi progreso? Sé que me dijiste que tendría que ser yo la que lo juzgara, pero no me caería mal una segunda opinión...

Esperé una respuesta, pero todo se quedó en completo silencio. "¿A qué se deberá? Seguro está pensando qué decir", deduje. Me quité la blusa para cambiarla por una limpia.

—Oye, me está gustando... ¡Ah, por Dios!

Apenas me quitaba la prenda cuando vi a Román parado justo enfrente de mí. Como pude me tapé con la blusa contra el pecho.

—¡Oye! ¿Qué te pasa? ¿No te dije que me iba a cambiar?

Él se volteó de inmediato, completamente apenado.

—¡Lo siento, lo siento! Es que quería decírtelo en persona, no quería que pensaras mal... —respondió hiperventilando.

«Sabes... hay algo que no me gusta y es que me estén mintiendo. Ya dime qué es lo que querías», pensé frunciendo el ceño.

—A ver... Como no vas a decir nada, me quitaré el sostén también, así que no va a haber problema —le dije para tantearlo.

—¡Oye! Yo no soy un degenerado... Espera, ¿cómo que te ibas a quitar el sostén?

Mientras él se tapaba los ojos, me puse la otra blusa a toda prisa.

—¿Y por qué tanto interés en ver? ¿No que no querías ver nada? Viniste a espiarme, ¿no es así?

Él agachó la mirada, atrapado en la jugada.

—Lo siento... Es que, pues... sabes que tú y yo... bueno, es que somos novios y me gustaría saber más de ti.

No supe ni qué decir a eso por un momento.

—Sí, lo sé... Pero vamos paso a paso. Además, sé que eres hombre y me quieres ver tal cual, pero si hay algo que te pido es tiempo, ¿sí?

Él me miró algo confundido.

—¿Tiempo? ¿Será mucho o más o menos cuánto será?

Le tapé la boca con la mano.

—Sé que me estás esperando y lo entiendo, pero entiéndeme a mí. No creas que esto es así de sencillo; yo soy mayor que tú, de eso debes darte cuenta, y estás en la edad de la punzada. Creo que a lo mucho a lo que puedo llegar contigo por ahora es a unos cuantos cariños. No te prometo mucho hasta entonces, pero si me aguantas, podremos hacer mucho más. Solo te pido tiempo, ¿sí?

Dulce coraconesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora