Unos años después.
—Se te ve mejor este maquillaje —decía una de mis primas.
—Ya lo sé, solo ten cuidado.
Estaba muy emocionada por aquel día tan especial. El vestido era precioso y toda mi familia se reunía por primera vez. No lo sé, estaba muy nerviosa. De pronto, se oyó un toque en la puerta y, al voltear, me dio gusto ver quién era.
—No interrumpo nada importante, ¿verdad? —preguntó mientras mis primas se le quedaban viendo.
—No, cosas de chicas. ¿Qué pasa? —pregunté. Tosió un poco.
—No, nada, hija. Sabes, me gustaría hablar contigo a solas y, aparte, decirte que ya está todo listo para que nos vayamos.
Se veía algo nervioso también; creo que esto no solo me afectaba a mí, sino a todos los que me rodeaban.
—¿Ya estás lista, prima? Te ves muy bien, vas a ser la novia más hermosa que hemos visto —dijo una de ellas, haciéndome sonrojar un poco.
—Bien, si ya estás lista no te quitamos tiempo. Ve, tienes mucho que hablar con tu papá.
Teníamos razón, ¿será hora de irnos?
—Sí, tienen razón. Andando, papá, que se nos hace tarde.
Me paré y me acerqué a él. Se notaba que quería llorar, pero se aguantaba solo para verme feliz. Le sonreí y bajamos las escaleras con calma, las mismas escaleras que una vez me vieron correr. Mi casa, que ahora sería solo de mis padres, me hacía sentir como si tan solo hubiera sido ayer cuando paseaba por estos lugares agarrada de la mano de mi papá, siendo tan solo una niña. Ahora era mayor, pero esta vez bajaba para ir con la persona a quien amo.
Al salir, un hermoso carro nos esperaba en la entrada. Nos acercamos y él abrió la puerta.
—Pasa, ten cuidado con la cabeza.
Hice lo que me dijo. Al entrar me estorbó un poco el vestido, pero al final me acomodé. Él se colocó adelante como el chófer de honor y arrancó el auto.
—Vaya, tanto tiempo, ¿no es así? —solíamos ir a la tienda en su carro cuando yo era pequeña.
—Sí, así es. Mucho de lo que vivimos quedó aquí en este carro; no puedo creer que aún sirva —dije, y él se empezó a reír.
—Sabes que tu padre es más viejo que esta carcacha y aun así aquí está.
Eso también me dio risa. Me quedé observando la avenida donde una vez viví mis más grandes sueños y las tiendas a las que íbamos. Era algo raro, pero me sentía diferente; tal vez era algo por lo que se tenía que pasar con cada nuevo inicio. Al ver a mi papá, noté que se secaba los ojos.
—Papá, no me digas que estás...
Se limpió lo más rápido posible.
—No, no... Es que últimamente sufro de ojos irritados y se me olvidó echarme las gotas, eso es todo. Sé que es muy apresurado y todo, pero ¿ya pensaron en cuántos hijos van a tener?
La pregunta me tomó por sorpresa y me dio algo de pena.
—En verdad no lo sé, pero me gustaría que fueran dos. Nunca se sabe lo que pueda pasar.
Lo vi por el retrovisor.
—Sí, ya lo creo. Así fue como naciste tú, pero lamentablemente estábamos tan ocupados que no pensamos en un hermano para ti.
Me agarré la frente riéndome de lo que dijo.
—Ya no se puede regresar el pasado, y ser hija única no me fue tan mal. Además, tuve lo que siempre quise: unos padres sensacionales y una vida de maravilla; no podría pedir nada más.
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Dulce coracones
RomanceLa vida da muchas vueltas donde empezamos y adonde vamos el amor es igual
