El príncipe Louis se reunió con su hermana en las cocinas, un lugar amplio de varios hornos y mesas para la elaboración de los banquetes que normalmente se llevaban a cabo en el gran salón; tenía vistas y una salida directa hacia el jardín, que quedaba casi justo debajo de la habitación de Louis.
Al llegar, todas las doncellas le brindaron una rápida y cortés reverencia antes de volver rápidamente a su trabajo.
Nadine estaba sentada con su dama de compañía, lady Stephanie, mientras jugaban con la masa de galletas. Prefirieron hacer sus propias formas cuando todos sus intentos por seguir la receta correctamente, resultaron fallidos. La princesa sonrió cuando su hermano estuvo frente a ella, analizando sus... caballitos de mar hechos de harina.
—Veo que has estado leyendo sobre el mar... —dijo el príncipe a modo de saludo, y se paró junto a su pequeña hermana mientras una de sus manos reposaba en su espalda cubierta por la capa de cuero que llevaba ese día.
—Así es, hermano. Me he topado con un dibujo de estos ¿te gustan? Se llaman caballitos de mar —. Comentó la princesa, feliz y risueña como siempre, Louis asintió fingiendo una sonrisa.
—Lord Liam fue a buscarlo, mi príncipe —comentó Lady Steph, demasiado bien educada como para faltar a los modales y mucho menos ahora que se dirigía a su realeza. A Louis le incomodaba un poco, hace menos de un mes ella le llamaba por su nombre, no con tanta formalidad.
—Si, él debe de estar en camino. Violé la seguridad. —comentó el chico un poco burlón, Nadine lo miró incrédula pero terminó riendo.
—Padre se molestará contigo si se entera de que tu guardia no va contigo —anunció la joven princesa.
—Lo sé, pero volveré a mi habitación antes de que lo noten, no creo... ¿qué lo escuche de ti?
—Oh no. De eso no te preocupes hermano. —guiñó Nadine.
Poco después una doncella se acercó con una bandeja llena de galletas recién salidas del horno, lo suficientemente frías para ser comidas. Los príncipes degustaron un poco hasta que de otro estruendo, Liam apareció corriendo por la entrada de las cocinas. Con las mejillas coloreadas de rojo, mostrándose sin aliento, su capa hondeando tras él.
No se tomó las molestias de saludar con propiedad a los próximos monarcas, pues Liam era una de las pocas cosas que no habían cambiado desde la coronación del rey Tomlinson. Él aún se dirigía a todos con la misma familiaridad de siempre, lo cuál Louis apreciaba en demasía.
Tomó gustoso unas galletas antes de que Louis mirara por la ventana del jardín y le dijera a Liam que salieran un rato.
Las doncellas se despidieron propiamente de su príncipe cuando este salió junto al alfa.
(...)
Liam tenía una loba de color blanco puro llamada Nix, era tan grande como Ollie aunque espectacularmente más rápida. A veces, podrías confundirla solo con los montones de nieve de un bosque y su olfato era de primera. Ese lobo se lo había otorgado Jacob Tomlinson a la familia Payne el día del cumpleaños cinco de su primogénito, cuando el lobo apenas era un cachorro juguetón que corría alrededor de Liam para hacerlo reír.
El lobo era el emblema del norte, todos los grandes señores poseían uno. Muchos eran entrenados para la guerra o el ejército en tiempos pasados, pero últimamente solo eran protectores y buena compañía. Se acostumbraba a montarlos, solo si se trataba única y exclusivamente de su dueño. Como se los caracterizaba, cada uno era fiel y eternamente leal, pero a diferencia de los lobos comunes, la raza huargo vivía durante varios años sin sentir los estragos de su edad. Nix a penas tenía doce años, pero el lobo se conservaba tan ágil como en sus primeros años de vida.
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Dragonscale [l.s]
Fanfiction« ¿Has ido a la ciudad de Dragonscale? ¿Has volado por ahí? Donde la ciudad se encuentra sobre las montañas y sus playas doradas brillan en los días soleados... Donde se alza un castillo enorme al que la gente llama Krestum y Kargem reina sobre sus...
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