➳ 33: Coronación. ➳

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Louis










Abrió los ojos lentamente, los párpados luchaban por cerrarse y todo le parecía borroso.

Le dolía el cuerpo entero. Tenía los huesos agarrotados y los músculos le hormigueaban constantemente causando que no pudiera moverse, o que le resultara muy difícil. Y mientras su cuerpo se aferraba a mantenerse inerte, su cerebro ardía en su cabeza.

Gritaba, pero ningún sonido salía de sus labios y aunque empleaba todo su esfuerzo por levantarse y buscar ayuda, no hallaba la fuerza. Y se estaba volviendo loco.

Louis estaba perdiendo la cabeza.

Porque no escuchaba nada. Ni un mínimo sonido venía a través de sus oídos. Cuando lograba abrir un poco sus ojos, solo veía una incesante oscuridad que no hacia nada por su tensión. Y lo peor de todo, no sabía en dónde estaba, si había caído de relleno sobre la nieve en el campo de batalla... ¿Lo habrían visto? ¿Alguien lo habría llevado hasta las tiendas de auxilio? ¿Niall estaba bien? ¿Qué había pasado con su dragón? ¿La guerra ya había terminado? Había un millón de preguntas que rondaban su cerebro y ninguna de ellas parecía tener una respuesta clara, ni siquiera segura, todo eran especulaciones que se trazaban en su cabeza y tan pronto como empezaba a idear un nuevo plan, se quedaba dormido de repente.

Louis despertó en varias ocasiones. Cada vez sintiendo el dolor en sus articulaciones punzar menos y más libertad en sus extremidades. Pronto pudo apretar sus manos y sentirse la palma de estas con las yemas de los dedos. Pudo remover los dedos de sus pies y sentir la brisa helada del invierno entre su cabello. Pero no pudo hacer más. Ni hablar de sentarse o intentar mover su cabeza. Estaba casi adormecido, pero no del todo. Mientras las horas pasaban y él seguía volviendo en si, se percataba que sus ojos dejaban de ver oscuridad y la pronta luz del día se alzaba sobre él.

Se preguntó si habrían ganado.

Se preguntó por su padre, por Liam... se preguntó por Harry.

Quería verlo, más que a nadie, más que a nada en el mundo. Y, si no iba a volver a ver nada, lo único que pedía era poder ver sus ojos una última vez. Verlo sonreír. Y si nunca más iba ponerse de pie, que al menos pudiera sujetarle de la mano. Que al menos pudiera abrazarle de vuelta. Sentirlo cerca. Besarlo.

Louis tenía la garganta seca y la voz ronca cuando logró pronunciar el nombre del príncipe antes de desmayarse de nuevo.

(...)

La siguiente vez que despertó, el punzante rayo de sol que surcó sobre sus pestañas lo molestó tanto que apartó la cabeza de un golpe. El movimiento había sido tan brusco que había sentido todas las represalias por toda la longitud de su columna. Se encontró frunciendo el ceño mientras sus ojos se removían bajo sus párpados, hasta que lo notó.

Se había movido, por primera vez... en horas.

Louis abrió los ojos.

Nuevamente la luz comenzó siendo tan cegadora que le tomó varios segundos lograr estabilizarse. Pero una emoción enorme le recorrió el pecho cuando empezó a distinguir figuras y poco a poco, colores. Y era... verde. Enteramente verde... y azul, y... ¿las figuras se transformaron en montañas? ¿Era eso? No lo sabía con certeza, porque todo seguía notándose borroso, demasiado saturado, como si la misma imagen diera vueltas infinitas sobre su cabeza y no lograra procesarla por completo.

Dragonscale [l.s]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora