➳ 02: Miedo. ➳

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Louis yacía recostado sobre su cama, con el camisón puesto y con las piernas bajo las mantas. Estaba todo a oscuras, pero la tenue luz de Luna que entraba deliberadamente a través de las ventanas, alumbraba todo a la perfección; el medallón de plata que le habían regalado sus padres cuando era un niño, brillaba como si tuviera luz propia.

Era la figura de un lobo con la pequeña insignia de T, por su apellido. Estaba grabado y hecho por las manos de los artesanos más importantes del norte. Tenía el tamaño de una moneda y brillaba si la luz se proyectaba directamente sobre el. Era su emblema. Nadine tenía uno, su padre tenía uno. Sus tíos y abuelos también llevababan el suyo y se iban a la tumba junto a sus cuerpos cuando se les arrebataba la vida; Louis miraba ese emblema todos los días, a través de sus prendas con bordados, en los estandartes de su Casa, incluso él tenía uno de compañía, un lobo. Lobos por doquier, el símbolo del norte. A pesar de eso, Louis solo se había preguntado desde que empezó a crecer, si él era material para convertirse en uno, y no de manera literal; siempre supo que sería Lord de la fortaleza Tomlinson, su madre se lo recordaba cuando era niño, su abuelo le enseñaba los mapas y le hacía aprender el nombre de cada parte en el norte.

Siempre supo que sería un heredero.

Pero siempre se preguntó de igual forma si en verdad lo merecía.

Sentía que su vida estaba constantemente planeada y que todas sus decisiones estaban tomadas incluso cuando ni siquiera conocía las otras alternativas. Y no es que Louis no quisiera el poder..., pero le asustaba. Y no podía decirle a su padre, porque al final no había nada que pudiera hacer para quitarse el cargo de encima. Su madre trataría de convencerlo de que todo saldría bien, aún si ella no vivía para siempre y se lo dejara todo en sus manos cuando ella se fuera.

Y Nadine... Nadine era una princesa. Su pequeña hermana..., ella iba a casarse con un Lord poderoso y tener una familia de numerosos hijos tan risueños como ella. Al final, ella estaba tan encantada de su deber como Louis jamás podría entender. Desde pequeña había soñado con casarse con un apuesto príncipe que viviera en un castillo bajo el sol y el mar se divisara a través de las ventanas... quién diría que sus sueños algún día se cumplieran.

Porque Louis había hablado con su padre después de la reunión en el gran salón, cuando los lores se retiraron entre reverencias y deseos de un buen descanso. Intrigados con lo que pasaría cuando los príncipes partieran al continente de Goré en unos días bajo el mandato de su padre; el Rey Jacob había pedido quedarse solo con su hijo, incluso los guardias tuvieron que salir para esperarlos fuera. Nadine se retiró con su madre y ambas subieron a sus recámaras.

Louis escuchó todas las palabras que el rey tuvo que decirle, conteniendo la respiración la mayor parte del tiempo; su primer acto como príncipe, la primera vez que sus acciones iban a ser escritas en el papel de su historia. En el gran libro de las Casas. Pues era la primera vez en siglos que alguien del norte era llamado de manera oficial hasta Dragonscale para formar una alianza. Y Louis no podía creer que de verdad iba a dejar Gélida, nunca en su vida pensó en conocer algo más allá, cruzar el mar, visitar el continente vecino e ir tan al sur...

Había leído cientos de veces, en todos esos libros viejos y atestados de polvo en los pasillos más recónditos de las bibliotecas las historias sobre...  aquellas criaturas enormes, cubiertas en escamas y largas alas que se alzaban para el vuelo. Monstruos de fuego, que escupían ráfagas de aire caliente que derretían cualquier cosa a su paso.

Dragones.

¿De verdad iría a lugar donde había dragones? ¿De carne y hueso? ¿Los vería escupir fuego de sus fauces? ¿Serían tan grandes como los describían los libros?

Dragonscale [l.s]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora