XXIV. Las cenizas de victoria

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Después de haber avisado sobre el plan de Thanos, el silencio de Amelia solo podía significar una cosa. Pensaba en el hecho de que todos estaban nuevamente en peligro y esperaba que esta vez fueran capaz de detenerlo porque no podría vivir con la carga de haberlos salvado y haberlos perdido el mismo día.

Después de aquel mensaje, Amelia no tuvo mucho tiempo antes de tener que crear su escudo para evitar otro ataque de supergiant, la ansiedad que crecía dentro de ella podía con el pesar de todo lo que pasaba a su alrededor y aquello afectaba de manera significante el control sobre su poder.

Tal vez fue por eso que no vio venir el siguiente movimiento de la alienígena, tuvo una especie de regresión en cuanto vio aquella lanza de metal viajar a varios metros por segundo, tuvo la misma regresión cuando formó el escudo con la intención de hacer aquella lanza cenizas y a esta no le sucedió nada, tuvo la misma regresión cuando dicha lanza le atravesó la pierna haciéndole soltar un grito que no fue escuchado por nadie y cayó de rodillas con un dolor tan indescriptible que su cuerpo apenas pudo ser capaz de sentirlo.

—Acéptalo, linda —sonrió de nuevo mientras se acercaba a ella a paso lento con una segunda lanza— perdieron otra vez y hoy mi amo no tendrá piedad por este planeta primitivo, los destruirá a todos y cada uno de ustedes, les arrancará la cabeza y yo disfrutaré cada segundo de ello.

El escudo comenzó a tener fallas, su color parpadeaba hasta que dejó de existir y Amelia podía sentir cómo un veneno corría por su torrente sanguíneo desde la herida de su muslo derecho mientras veía con una expresión de asco la cercanía de supergiant a su rostro. Podía apreciar cada una de sus facciones, especialmente cuando se inclinó sobre ella para susurrarle al oído.

—Es increíble lo que puedes saber cuando lees la mente de las personas, un metal tan insignificante es lo que basta para matarte chiquilla arrogante —de nuevo soltó una risa casi insoportable— ahora solo eres una mancha en el universo, tan insignificante como una hormiga debajo de mi bota. No tienes a nadie y nadie se enterará del final de tu vida...

Amelia no podía soportar escucharla mucho más, sentía que cada palabra que decía indagaba en su cabeza y permanecía ahí, como un parásito, eso era lo que supergiant era, un parásito mental que destruía de esa manera a sus víctimas. Pero ella se equivocaba, Amelia tenía muchas personas importantes en su vida que se preocupaban por ella tanto como a la inversa.

Ella no iba a morir ahí, o al menos no de esa manera, porque Amelia escribía su propia historia y había decidido en ese momento que no era su final.

Sus ojos se encendieron una vez más utilizando los últimos joules de energía que le quedaban y justo cuando supergiant estuvo a punto de lanzarle la segunda lanza como golpe final, ella la atrapó en el último segundo, con la misma fuerza sacó la que tenía en la pierna y los nanobots junto con su sistema de curación hicieron que no se desangrara en el acto. Se puso de pie a duras penas ante el rostro estupefacto de la alienígena y estando frente a frente le dijo sus últimas palabras.

—Yo no moriré hoy, lo harás tu —y con la misma fuerza se acercó a un paso acelerado y le clavó la lanza en el pecho matándola casi al instante— mira eso, nadie vio tu honorable muerte

Amelia suspiró de cansancio aún sosteniendo la lanza con el cuerpo inerte de supergiant cuando se dio cuenta de que la segunda la veía desde lo lejos con una sonrisa. No sabía si iba a poder luchar contra una más de ellas y aún en la misma posición cerró los ojos y dio tres suspiros antes de volver a abrirlos y ver a la otra alienígena acercarse a ella con el motivo de atacarla, pero algo la detuvo. Amelia fue testigo de cómo sus piernas comenzaron a fallar como si los músculos y huesos que le ayudaban en movimiento se desintegraran con cada paso que daba, incluso cuando quiso elevarse en los aires para evitar su caer lo único que logró fue combinarse con el polvo de la guerra que estaba terminando; la chica de ojos azules simplemente vio eso manteniendo la respiración y solo paró cuando el cuerpo inerte de la supergiant que tenía la lanza atravesándola desapareció de la misma manera haciéndose cenizas insignificantes.

Ella se tocó el abdomen, no podía estar pasando de nuevo, cuando sintió como si una capa en el ambiente hubiese desaparecido supo que el efecto que supergiant había causado había desaparecido y pudo ver con mayor énfasis a su alrededor, las criaturas desaparecían, pero ninguno del lado de los héroes lo hacía y entonces una idea cruzó por su cabeza.

La sangre azul de supergiant se encontraba casi bajo sus pies y aquello fue lo único que amortiguó la caída de la lanza cuando Amelia la soltó haciendo que su choque contra el suelo fuese lo único que se escuchara además de sus pasos torpes y apresurados.

Parecía en cámara lenta, parecía como si la más melancólica melodía sonara de fondo y Amelia bajó de un salto en donde la mayoría de los héroes habían formado un círculo atestiguando una de las peores y más tristes escenas que alguna vez habían visto. Se hizo camino entre todos ellos, quienes al darse cuenta de que era ella la que pasaba, las miradas comenzaban a ser de lástima.

Se lo había imaginado desde el momento en el que supergiant había desaparecido frente a ella haciéndose cenizas como la primera vez en la que Thanos había hecho su chasquido, pero no quiso creerlo, no hasta que lo vio con sus propios ojos.

Su mundo se vino abajo, por un momento se olvidó de cómo respirar y abrió los labios en un intento de meter la mayor cantidad de aire a sus pulmones mientras sus pasos se aceleraban hasta estar frente a él. Peter se levantó enseguida para darle espacio, ni siquiera podía verle a los ojos cuando Amelia se arrodilló y un alarido de dolor salió de ella. Lágrimas gruesas salían de sus mejillas mientras acercaba su rostro a Tony y le tomaba de las manos.

—Papá...

Su voz no era la de ella, estaba filtrada entre sollozos y un temblor que no era capaz de controlar. Tony la veía, sus signos vitales eran demasiado bajos para poder hacer algo y entonces ella aceptó el destino al que se enfrentaba y decidió que no quería que se vaya con una última imagen de ella sufriendo, hizo lo que pudo para tranquilizarse y le vio a los ojos con tanto amor como una hija le tendría a su padre.

—Está bien —susurró tan cerca de él que los demás apenas podían adivinar de sus palabras— gracias por creer en mi, y por darme todo de ti, estaremos bien. Te amo, papá

Sintió el tacto de Pepper detrás de ella, también lloraba, y se arrodilló a la altura de los dos para hablarle directamente a su esposo.

—Ya puedes descansar, Tony. Ella lo sabrá.

Hasta el momento Amelia solo derramaba pequeñas lágrimas que no podía controlar, no quería que la viera destrozada, no quería que la viera sufriendo, quería que su padre se fuera en paz y no fue hasta que la luz de su pecho y de sus ojos dejaron de brillar y la ligera presión de sus manos desapareció cuando Amelia bajó la cabeza y se permitió llorar aún más, sus sollozos eran lo único que se escuchaba en el fondo del silencio en el que se habían sumergido después de ganar la guerra, porque su padre les había salvado y había muerto por ello.

Amelia: Infinity WarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora