二十一

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Las noches en Ilsan se volvían más calurosas, más secas y agitadas.

La llegada del verano en la ciudad era un detonante para varios factores: las calles eran abarrotadas de transeúntes, los días eran más largos y mis viajes hasta Ttukseom se volvían una rutina.

Encontrar dónde hacerme aquel tatuaje se volvió una travesía. Pasé noches enteras vagando por zonas desconocidas en una búsqueda interminable que solo me traían insomnio y algunas cuantas anécdotas consigo.

"¿Un tatuaje? Prueba en Eclipse."

Yoongi, el peculiar muchacho que pronto se convirtió en mi compañero nocturno en el local underground quien, sorpresivamente, soltaba las rimas más agresivas y concisas que pude oír; comentó con un amago de sonrisa asomando sobre sus labios.

"¿Eclipse? ¿Crees que pueda llegar andando?"

Un pequeño estudio de tatuajes en el sótano de una tienda de instrumentos musicales al este de Seúl, cuyo dueño era un enigmático hombrecillo, de bigote perfectamente recortado y cabello rapado, con una colección maravillosa de tatuajes decorando sus brazos y torso. Aquel lugar se convirtió en mi nuevo destino favorito, donde podría entablar conversaciones interesantes con personas aun más interesantes en sí.

Con un suspiro escapando de mis labios me dediqué a admirar el paisaje frente a mí. No podría recordar cuántas veces aquel río se habría coloreado de tonalidades naranjas y rojizas, dibujando todo a su alrededor, envolviendo mi cuerpo junto a él, brindandome los abrazos más cálidos que alguna vez pude sentir.

El disfrutar de la brisa de aquel lugar en particular se habría convertido en mi pasatiempo. Mi cuerpo se sentía en un trance, en uno que no podría romper ni con las cientos de voces alrededor, tan incesantes que se mezclaban con el paisaje de forma antagónica, casi agonizante.

Él ya habría llegado, pues mi débil armonía se rompió en cuanto sentí aquella presencia ajena a mi lado derecho. Su perfil se dibujó sobre el asfalto y pude vislumbrar su reflejo sobre las aguas del río que me acogía.

Namjoon llegó, pero ninguno habló, ninguno quizo decir palabra alguna.

—¿Tienes algo que decirme? Te noto algo perturbado, Namjoon.

Dio un respingo sobre su sitio y con algo de reticencia acomodó su mochila sobre sus hombros. Él parecía haber perdido peso y sus ojos parecían haberse apagado. Se veía ido, como aquel Namjoon que conocí algunos años atrás, ese que iba olvidando con el pasar del tiempo pero se marcaba a fuego vivo bajo mi piel.

—Ya había olvidado cómo se sentía— su voz rasposa me obligó a verlo, a él y a su perfil fino, sus pestañas, sus labios, su persona. Con la quijada alzada señaló al frente, hacia el río calmo que nos observaba.— Este lugar, el corazón apretado, tú.

Pero no logré entenderle, o más bien ya había dejado de intentarlo. No volví a dirigirle la mirada, pero la suya siempre se centraba en mí. Tenía talento en acelerar mis latidos con tan solo un par de palabras, pero mis latidos se habían vuelto débiles con el tiempo, tanto que muchas veces no lograba oírlos.

Namjoon, se acabó, ¿lo sabes?— sus ojos revolotearon con pesadez y como si buscase las palabras correctas se sumió en el silencio más aterrador que Ttukseom pudo haber oído jamás.

El tatuaje había dolido muchísimo, las agujas se incrustaron en mi piel sin piedad y con una rapidez increíble, casi como si fuese parte del pago por llevar aquello en mi piel por siempre, dejaron huellas a su paso. Aún podía sentir mi piel cosquillear bajo mi camiseta, como si el simplemente recordarlo fuese necesario para volver a sentirlo tan vívido como volviese a obtener uno.

mono; knjHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora