12. Ni te atrevas.

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Jungkook estaba enojado, se había quedado solo, trato de nuevo de mover sus pies, llevaba toda la tarde intentándolo pero no había tenido ningún resultado la frustración le estaba pasando factura, no quería dejar de intentar, nunca lo dejaría de intentar.

Nunca se iba a dar por vencido.

Le había dado instrucciones a Yongi para empezar a reconstruir parte del fuerte que había salido dañado y también la compuerta que había quedado totalmente inservible, debían poner doble guardia para que ningún extraño los sorprendieran durante el tiempo de la construcción de la nueva.

Habían hablado también de la princesa, Junkook se sintió tranquilo al enterarse que había roto el compromiso, lo que menos quería era tener que casarse con alguien con la que no tenía nada en común, y menos en su situación, ahora paralizado sería una carga en su totalidad. Había dado la orden de mandar a Jimin lejos de él, no le tenía nada de confianza después de verlo matando con la espada lo que menos quería era quedarse con el solo sin poder defenderse, no era miedo... que mierda si era miedo, el jodido muchacho era más fuerte que el, había visto como mataba soldados con apenas un golpe, que clase de persona normal haría algo parecido. Aunque parecía un poco culpable.

¿Culpable?

Claro que no era culpable, era un tonto, Jungkook sabía el riesgo de bajar a combatir directamente ese era su deber y asi lo cumplió. Aún estaba vivo y podía mover las manos tan mal no había quedado dijo resignado, aún podía ser el líder y así lo haría. Ese era su deber.

¿Sexo?

Pensar en cómo seria su vida sexual era ahora un caos nunca había sido muy activo, la última vez que había tenido algo con alguien fue con Jimin, así que hasta que le diera desesperación, los alfas siempre se quejaban que sus celos sufrían días con intensas erecciones y que nada los satisfacía, pero el nunca había tenido celo, así que no había nada que extrañar, muchas veces Jungkook se preguntaba si él era un alfa verdadero, por que no le atraían los omegas tampoco le resultaban diferentes, es como si una parte de el estuviera apagado. Y esa era la parte que no sabía de la "maldicion" de la abuela de Jimin, lo que le había dicho era "nunca encontraras la felicidad" pero de eso a que no funcionara como un alfa normal era demasiada diferencia. Ya encontraría a alguien y si no lo hacía... no quería pensar más en eso.

Necesitaba entonces a alguien de confianza para que lo ayudara, talvez tendría que cambiarse a dormir en la sala para no subir escaleras, también podría poner algún tipo de tabla para jalarse y sentarse sin ayuda.

Se preguntaba que tan grave fue la lesión.

El no recordaba más que la voz de Jimin gritando su nombre.

Y hablando del rey de roma, Jimin se asomó sonriendo en la puerta.

- Puedo pasar.

- No es necesario que te despidas.

Pero lo vio entrar con dos cubetas de agua, una de ellas estaban humeantes, quiso gritarle pero solo lo miro incrédulo.

- ¿Despedirme yo? ¿De quién de ti? Jajajaja por favor no mereces ni mi despedida.

Lo vio que bajo los cubos y vacío uno de ellos en la tina y de allí fue mediando el segundo cubo hasta que la sintió según el buena.

- Vete de aquí, le di la orden a Yongi que te echara de aquí.

- ¿Yongi? El solo me deseo suerte y se fue - Se volteó y lo vio con fastidio - Tengo hallar la manera de bañarte sin que te lastimes la herida - Cruzo los brazos tomándose la mandíbula con una mano - Lo bueno que no pesas mucho. - Se acercó.

¡Soy un Omega!Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora