7. Las Reliquias

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Jimin caminaba por la militancia tranquilamente, habían pasado tres días desde que había sido marcado. Tres días en lo que no se podía separar de Jungkook, al parecer el poder de la marca le hacía sentir la necesidad de protegerlo, y cuando se separaban Jimin sentia ansiedad. Pero había sido ignorado olímpicamente por Jungkook quien se había enojado con él por obligarlo de una manera tan baja.

No más que hipocresía pensaba Jimin, pues había disfrutado como un loco de su boca. Recordaba como había sostenido su cabeza para que no soltara su hombría. Paro sus pensamientos esas memorias bastaban para hacerlo sentir necesitado por el alfa. Y no era tiempo.

La guerra era inminente y los soldados habían empezado a llegar, así como los omegas eran llevados poco a poco a las cuevas para ponerlos a salvo. Jimin se había dedicado a seguir a Jungkook por la base, no sabía que más hacer. Si se alejaba de el era horrible,

Jungkook se había sorprendido al principio pero ahora ya se había acostumbrado.

Los días pasaban muy rápido, incluso dormían en la militancia, en la habitación en la que había conocido a Jungkook.

La noche anterior Jungkook había roto el silencio preguntándole por que se comportaba extraño, a lo cual no supo que responder. Ya estaba cansado de la situación, el quería dejar de seguirlo e irse, pero había prometido que le cuidaría la espalda. Así que eso le sirvió de escusa diciéndole que ya habia empezado a cuidarlo por si alguien lo quería matar antes de la guerra.

Dormían en la misma habitación, pero no juntos.

Había hablado con Yongi, cuando este se dio cuenta de marca y Jimin le tuvo que contar los motivos de tal acción. A lo cual Yongi lo regañó advirtiéndole que la marca era algo importante en la vida de pareja y que no debió hacerlo. Jimin sentía miedo, si era miedo ante lo desconocido, nunca creyó necesitar a alguien como ahora extrañaba a Junkook, su olor lo tranquilizaba e incluso su presencia lo sobrepasaba, Jimin se sentía calentar ante su presencia. Era imposible no estar todo el tiempo al pendiente de él, de su proximidad.

Las rodillas le fallaban en su presencia y su sonrisa le hacía revolotear su corazón de forma vergonzosa.

Jimin había prometido a Yongi, que el seria fuerte cuando llegara la hora de partir, eso era lo que el quería creer. Otro de los puntos que tuvo que aclarle a Yongi fue el tema de las mentiras, Jungkook no merecía ser engañado de esa manera por el omega. Yongi le había advertido que Jungkook no aceptaba la traición de ese tipo, y que si el se enterara que marco a un omega por medio de un engaño, le era más conveniente abandonar su pueblo, pues Jungkook jamás se lo podría perdonar.

Jimin se había puesto a llorar, no quería que algo así sucediera. Así que no se podía enterar de la verdad. En cuanto la guerra hubiese terminado Jimin partiría en busca de su familia y Jungkook jamás se enteraría.

Desde el balcón donde estaba podía ver unos trescientos alfas en el patio de la militancia. Parecía demasiado extremo lo que había echo pero tenía sus ventajas, podía pasar desapercibido en medio de todos ellos.

- Aún así estuvo mal - Se decía una y otra vez.

Se sentó a lado de la puerta donde dentro se encontraba Jungkook.

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Jungkook estaba planeando la estrategia de combate junto con Yongi y el Líder del ejército aliado Namjoon. Habian discutiendo, pues Jungkook quería ser solo ofensiva, Namjoon quería atacarlos desde el inicio. Esto no convencía demasiado a Jungkook. En sus venas no había crueldad pero las razones que exponía Namjoon lo dejaba con dudas.

- Dejemos esto y platiquemos mañana de nuevo, necesito pensar un poco - Despidio a los dos de su despacho.

Cuando salieron pudo ver a Jimin sentado a un lado de la puerta. Se asomó y lo vio recargado medio dormido.

¡Soy un Omega!Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora