Jungkook cabalgaba con rapideza de regreso a su Aldea, habían invadido por completo la tribu del sur. Sometiendo a sus hombres y a su líder, arrancandole la promesa de ser sus aliados, ¿a cambio de qué?, de dejarlos vivos. Habían sido cuatro días de camino, ya deseaba descansar, el viento de invierno no ayudaba a su cansado cuerpo, pues le calaba hasta los huesos.
Y qué le esperaba en cuanto llegara a su casa, un Beta rebelde, no quería pensar demasiado en él a decir verdad, no sabía como demonios pensó en llevarlo a su casa.
Si el pequeño Beta ni disimulaba que el alfa le gustaba, eso lo hacía sentirse incómodo, ¿que le sucedía?.
Aún recordaba la escena del baño. Claro que ya no le pediría que lo bañase de nuevo, uno de sus principales pensamientos fueron darle lo que quería, tampoco es que el Rubio estuviera mal, pensándo sin razonar precisamente, tenía que admitir que le gustaba, más su boca.
- Oh maldición. - El viento le ayudó a esconder su reacción, es que no quería pensar en sus labios, en su trasero, en su mirada lasciva.
El Beta lo ponía, y el no quería que le gustase, pero demonios, si , si le gustaba.
Ahora se preguntaba si había sido, buena idea llevarlo a su casa, no podía tener distracciones de ningún tipo, estaban frente una inminente guerra en contra del Reyno de Sorna, y conseguir aliados era lo que le precisaba, eso era en lo que tenía que pensar, no en los labios de Jimin.
Siguio cabalgando con una orda de 300 guerreros detrás de el.
Durante uno momentos pensó en lo que escuchó de Jimin, que su tribu era de Gitanos, podria ser verdad pues la belleza de el beta parecía tan exótica que podía estar diciendo la verdad. Durante su entrenamiento hacía ya diez años atrás, su padre junto con su militancia terminaron con un pequeño asentamiento de gitanos más al norte de ahora su aldea. Estos estaban a favor del enemigo, y su padre había ordenado su exterminio, solo los omegas habían sido guardados en el internado, pero a lo largo de los años el internado sirvió para todos esos omegas sin dueño que no tenían donde ir.
Recordaba llegar con su padre cuando todo estuvo terminado, fue con una anciana matrona del pueblo gitano y la mató allí mismo frente a sus ojos. Había sido algo horrible e impactante de presenciar para su corta edad.
Aún recordaba las últimas palabra de la anciana.
- "Maldigo el día en qué viste la luz por primera vez y solo un más ciclo duraras, pero aún más maldigo a tu descendencia, que no pueda encontrar lo más preciado de su vida y que le cueste su propia vida la felicidad, así se haga, tsukino intino matmekio"
Después su padre la había asesinado. Su padre aseguró que la maldición no tenía importancia, pues era imposible que una simple anciana moribunda estuviera lúcida.
Pero a Jungkook no se le olvidaban sus últimas palabras. No quería descartarlas, pues su padre había muerto justo el mismo día al año siguiente.
Durante ese tiempo estuvo su tío al frente del pueblo, pero Jungkook de hizo cargo cuando cumplió los quince años. Así que ahora después de haber sido líder de su pueblo durante tanto tiempo se sentía que la responsabilidad crecía y crecía, sin dejarle tiempo de libre para nada, solo dedicarse a resolver los problemas.
Quien iba a pensar que ahora después muchos años todo se vendría abajo si no encontraba suficientes guerreros aliados que los protegieran por la guerra inminente.
Pero aún su duda surgió, ¿podría el beta estar relacionado con esos Gitanos?
La curiosidad lo invadió, a lo mejor Jimin,
sabría algo sobre la maldición, Jungkook no se sentía extraño ni hechizado. Descartó la idea lo que menos quería era que Jimin se enterará de lo hizo su padre a su pueblo.
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¡Soy un Omega!
Fiksi PenggemarJungkook estaba hechizado, su sentido del olfato no detectaba omegas. Jimin era un omega que solo quería salvarle la vida. - Nunca conocí a un Beta que se obsesionara tanto con ser un omega. - ¿Tu qué sabes de omegas? no reconocerias a uno aunque l...
