Celebracion

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Jungkook estaba en su habitación traumatizado deseando nunca haber pisado ese lugar, se sentía tan idiota por haber creído en lo que le habían enseñado, la idea de imaginarse a el mismo con el maestro le daba nauseas, ¿como podria salir de esa pesadilla?


Suni estaba en lo que antes había sido su hogar,  pero sin YoonGi eran solo cosas metidas en habitaciones, sentía cada pared infinita de extremo a extremo, vio sus fotos atormentándose a si misma, fue a la cocina por agua, ya que casi no probaba comida, no llegaba a tolerar mas que una que otra cucharada de sopa o puré que le traían sus amigos, nada tenia sabor en su boca, el mundo era gris, no habían risas de ningún tipo, todo era oscuro.

Camino lentamente por el dolor que todavía tenia en sus heridas hacia su piano, pasó sus dedos por la tapa, se sentó en la pequeña banca acolchada, la levantó y tocó a Chopin, esa melodía había marcado muchas perdidas en su vida, la perdida de su madre, de su padre, la de sus abuelos, la de YoonGi, muchos podrían considerar una autotortura lo que hacia, pero ella no quería que el piano dejara de sonar, él le había vuelto a dar vida, había sido su primera verdadera conexión con él y no quería perderla, no quería que eso también se fuera.

Sobre el piano YoonGi había dejado su música, una a una fue tocando sus composiciones, hasta llegar a la canción que le había regalado, recordó ese momento con cariño, al iniciar la bella tonada sintió la paz que necesitaba, imágenes de sus sonrisas cómplices, y sus momentos juntos se proyectaron nítidos en su mente, él siempre creyó que ella lo había salvado, la verdad era que se salvaron ambos, de la falta de amor, de la soledad, recordó su tierna sonrisa, sus manos grandes y masculinas y sus hermosos ojos de gato, el tocar seguía produciéndole dolor en la muñeca pero era su forma de tenerlo cerca, de sentir que estaba vivo en alguna parte, al final de la canción se propuso ser otra, se secó una la ultima lagrima proponiéndose encontrarlo y verlo otra vez, su historia no había terminado.

Regresó a la habitación, tendiéndose en la cama con cuidado, ojeó el celular, había tomado costumbre de llamar al número de YoonGi pero siempre salía el buzón, lo hacía cada tanto, sus dedos se movían solos y ella pegaba el oído escuchando siempre la misma respuesta sin sentido , deja un mensaje en la casilla de voz, hasta que una idea como un relámpago de luz le vino a la cabeza, el celular no estaba bloqueado o roto por eso sale el buzón, si no saldría fuera de servicio, sintió una punzada en el pecho, con temor presionó el botón verde de buscar celular en el propio.

Pasaron los días, cada vez que tenia su celular en las manos intentaba encontrarlo por GPS lo había intentado miles de veces pero el celular no se había activado.



Jimin volvió de la habitación del maestro corrió al baño a vomitar,  se lanzo a la ducha refregando cada lugar que había tocado como tratando de borrar esa sensación, en la pequeña mesa de noche lo esperaba una valeriana  solo quería dormir y olvidar.

YoonGi tomo una ducha fría y rápida, secó su cabello y fue acompañado al salón por un guardia, ya no tenia la libertad de andar libre por la casa, ahora siempre un guardia andaba detrás suyo vigilando cada movimiento, el maestro había pedido una nueva composición, por los viejos tiempos y porque al fin sus tesoros estaban completos, al recordarlo YoonGi no pudo mas que tensar la mandíbula, sin embargo tenia que fingir.

Se sentó en el gran piano, mientras la música se escribía en las hojas de partitura como si alguien se las dictara, casi no hacia correcciones, su corazón se encogió al recordar a su hermosa Suni, ella siempre estaba presente en su mente.

Pasaron unas horas, y YoonGi había terminado su composición, el maestro hizo su entrada de manera extravagante en el gran salón, donde cogió las hojas y leyó la música.

—Bello, como siempre, aunque algo intenso para mi gusto, la tocarás hoy por la noche, vendrán personas importantes—

—Si maestro—

Siendo las 6 de la tarde, autos elegantes empezaron a llegar a la mansión, un grupo de no mas de 10 personas finamente vestidas hacían su entrada, hombres y mujeres de mediana y algunos de avanzada edad, entraban siendo recibidos con sendas reverencias por parte del personal de servicio, desde sus cuartos los 3 jóvenes no podían entender lo que sucedía, solo escuchaban voces, risas, y tintineos de copas.

YoonGi recibió un esmoquin a su medida y bajo al redondear la medianoche al gran salón, donde la celebración estaba avanzada, un silencio sepulcral y expectante se hizo presente mientras algunos de los invitados empezaron a cuchichear entre sí.

—Amigos míos, ahora disfrutaremos un poco de bella música—termino de decir el anfitrión mientras se sentaba en primera fila de YoonGi y el piano.

La melodía comenzó con tono grave y decidido, no había necesidad de leer la partitura, ya que estaba engravada en él, cerrando los ojos, imaginaba su vida anterior siendo libre, sintiendo el frio de las calles de Seúl, los tiernos besos de su novia, el olor del rio Han.

Al terminar, recibió una ovación y fue llevado rápidamente a sus aposentos.

Se cambio y se metió en la cama enterrando el rostro en la almohada, se quedó dormido soñando con parques, fotografías y risas.

La fiesta se había prolongado hasta altas horas de la madrugada, el maestro dormía a pierna suelta en su cama, Jimin despertaba recién ya que no pudo dormir por el escandalo de abajo, Jungkook ejercitaba sus músculos en su habitación y YoonGi iba y venia caminando y pensando.

Mientras tanto, en las salas de tortura, se hacia la limpieza del lugar, un joven encontró un teléfono celular pisoteado, la pantalla estaba rota, pero se podía usar, siendo el único que estaba ahí decidió guardarlo y quedárselo, habían pasado días desde que le pidieron limpiar el sitio, pero sus ordenes cambiaron cuando se presento la fiesta del dueño de casa, lo guardó en su mandil y siguió limpiando, continuó todo el día con sus quehaceres, por la tarde llego a su cuarto y prendió el aparato y para su agradable sorpresa todavía funcionaba, el suyo era menos moderno, y quería uno nuevo, este se notaba  bastante caro, estaba ahorrando para uno, pero al ganar tan poco, su ahorro era lento.

—¡Minsoo!—le gritaron, con hastío tuvo que dejar su reciente hallazgo sobre su escritorio.



Suni era visitada por sus amigos y colegas quienes trataban de animarla y le daban las noticias que la policía iba hallando que eran mínimas, tenia su celular en mano moviéndolo apretando aplicaciones y volviendo a salir, como siempre volvía a presionar el icono de encontrar celular, enorme fue la sorpresa que se llevo cuando éste arrojo una dirección.

AMNÉSICO (MIN YOONGI)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora