NARRA EMMA
Me desperté por un maldito rayo de sol directo en mis ojos, los abro esperando despertar en mi cuarto. Pero no, sigo aquí en la misma cabaña de ayer en la noche.
Un brazo evitó que me levante ya que estaba rodeando mi cintura, un brazo fuerte y atractivo. El brazo de Dán no me dejaba levantarme del sillón.
No es mi culpa que hayamos dormidos abrazados, es por culpa de la maldita y horrible tormenta que hubo anoche.
Siempre evitó que se den cuenta el miedo que les tengo a las tormentas, a los idiotas les invento que no tengo sueño, solo para quedarme hasta tarde mirando películas con ellos. Me duermo en mitad de la primera en el brazo de alguno, pero cuando despierto ya la tormenta no está, y mi miedo se fue junto a ella.
Sólo mi madre sabe que les tengo miedo, cuando no quiero ser muy obvia de que cuando llueve siempre se me va el sueño, y en realidad me duermo enseguida. Solo para que mis hermanos no se den cuenta.
Esas noches mi madre pone de excusa que le dieron ganas de dormir con su niña, y entonses lo echa a mi padre de su habitación, lo manda a dormir con algúnos de los idiotas y me llama para que duerma con ella.
-Dán. - susurre. - Dán despierta. - volví a decir para que me deje levantarme. - Despierta. - lo moví. - Despierta. - volví a interpretarlo. - ¡Qué despiertes pendejo!. - grite en su oído.
Este rápidamente se levantó asustado provocando que me caiga de culo del sillón, ya que este no era muy grande que digamos.
Me miró y frunció el ceño.
-¿Que haces sentada en el suelo?. - Preguntó extrañado, lo fulmine con la mirada.
-Si quieres voy y me siento arriba de un mono, no sé capas eso te parece normal. - dije sarcástica mientras me paraba del suelo.
Sin esperar respuesta de su parte, me fui en busca del baño. Tuve que subir las escaleras ya que investigando anoche, vimos que estaba en la segunda planta.
Que bueno que siempre en mi mochila, pongo muchas cosas útiles por si llegan a pasar situaciones como esta. Saco la tollada de mano, mi cepillo de dientes y la pequeña pasta dental.
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NARRA DÁN
-Pequeña traviesa ¿que inventamos ahora para desayunar?. - dije entrando al comedor pero allí no había nadie. - Emma. - la llame. Entre en la cosina y tampoco había nadie. - ¡EMMA!. - grite desesperado.
-¡Aquí estoy!. - me respondió desde afuera.
Salí en la parte de atrás y la vi, suspire tranquilo.
Sonreí al verla oler un arándano y colocarlo en un recipiente.
-¡¿No es hermoso?!. - dijo, dirijiendose a la pequeña pradera. - ¡Tengo arándanos, tomates, zanahorias!. - dijo emocionada. - ¡Y mira allá, hay un lago!. - apuntó ese pequeño lago, también allí se encontraba una banca.
-¡Es hermoso!. - conteste.
Empezó a regresar hacia acá. Paso por al lado mío y entró en la cabaña, hice lo mismo que ella.
-¿Amor que vas a hacer?. - Dije y me arrepentí al instante en decir eso.
-¿Amor?. - dijo dándose la vuelta para mirarme pícara. - ¿Acabás de decirme amor?. - sonrió burlona.
-Me confundí. - dije para justificarme. - pensé que eras Taylor. - dije. Esta enseguida quitó esa sonrisa.
-No me parezco en nada a esa chica. - dijo con un tono de enojo en su voz.
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"Los cuatrillizos Edwards" (TERMINADA)
Romance*Segunda parte de "¡Eres un Idiota!" * Ya conocen la historia de sus padres, pero esto continúa. Los cuatrillizos Edwards, tres nenes, una nena. Imagínense que a los 17 años, estos cuatrillizos son más complicados. Ellos, las fiestas y el alcohol so...
