Capítulo 1

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Diana

Me dolía todo el cuerpo gracias a ese maldito sádico masoquista que por poco me mata, había pasado una semana y media en el hospital debido a mis fracturas de costilla, nariz, una contusión bastante grave en el cráneo y diversos golpes en todo mi cuerpo, después de pasar un año sirviéndole como esclava sexual cumpliendo todas sus malditas locuras, me dejó botada en la calle diciéndome que si corría con suerte viviría y no moriría desangrada, había cortado mis muñecas, eso fue como un juego placentero para él, dijo que si vivía él anónimamente pagaría mis gatos médicos y me daría la suma de ciento cincuenta mil pesos, pero a cambio yo debía de guardar silencio porque sino está vez se aseguraría de matarme, porque dijo que las mujeres como yo no debían de vivir junto a personas decentes como él.

Aún seguía viva y él cumplió con lo dicho, incluso tenía en mis manos el cheque con la cantidad de dinero prometida, sus empleados habían venido a dejarlo minutos antes de que me dieran el alta, obviamente me volvieron amenazar diciéndome que si habría la boca me mataban y yo les jure por mi vida no decir nada a nadie, tenía miedo y mucho, no quería saber nada de los hombres por mucho tiempo.

Vivía sola así que nadie estaría al pendiente de mi, si acaso mi amiga Tamara o quizás tal vez la casera que me conocía desde siempre, mi madre hacía poco había muerto y tampoco vivió conmigo en sus últimos años de vida , ella había estado en una casa para personas mayores ya que yo no podía cuidarla, estaba enferma de demencia senil y no podía atenderla todo el día, por esa razón la deje allí pagando semanalmente por su atención, por eso fue que acepte ser esclava sexual por un año para tener el dinero suficiente, ya que los últimos meses antes de su muerte estaba gastando mucho mas dinero debido a sus padecimientos.

Mi amiga Tamara estaba conmigo en en el momento que me dieron el alta, ella fue quién pidió el taxi cuando estabamos en la calle mientras me sostenía del brazo, pensé que nunca la volvería a ver, era la única persona que me quedaba en el mundo o al menos por la que sentía afecto, tardaron mucho en localizarla pues robaron mi celular de mi bolso y el poco dinero que llevaba en él, dejando solamente mi identificación personal. Una vez que el taxi se detuvo frente a nosotras me ayudo a subir para después subir ella y dirigirnos por fin a mi casa, desde hacía un año no vivía ahí pero pague la renta para no perder el cuarto ya que mis pocas cosas podrían haber sido tiradas a la calle y no quería eso, sólo frecuente mi cuarto una vez a la semana cuando mi dueño me permitía salir, hasta el día de hoy que volvía hacer libre y recordé lo bien que se sentía no pensar en ataduras, en no volver a pensar que cada noche él estaría torturándome para que solo él sintiera placer.

La casera me abrió la puerta de mi casa y me devolvió las llaves mientras no dejaba de mirarme con cara de asombro, lástima y tristeza, ella al igual que casi la mayoría de los vecinos sabía a que me dedicaba, pero nunca hablaba con ellos sólo me limitaba a darle los buenos días o las buenas noches según me los topara en el día, pero por lo regular era en las mañanas cuando yo llegaba de trabajar, con cara de desvelo y con el animo por el piso, al menos yo así me sentía cada día, la pasaba durmiendo la mayor parte del día, despertando por las tardes con mucha hambre, pero pensar en que tenía que cocinar se me iba el apetito, así que sólo me preparaba un sándwich como siempre, de ahí me sentaba a ver la televisión y a mirar el Facebook en mi celular y así moría la luz del día para mi, pero llegada la noche comenzaba a transformarme en la mujerzuela que era odiada por las mujeres amas de casa, esposas o novias, pero que era deseada por los hombres y cada noche que salía de mi casa divisaba que no hubiera muchos fisgones atentos de mi salida

-Por fin en tú casa amiga - me dijo Tamara, ayudándome a sentar.

- Si ¡por fin! Gracias - le dije sonriéndole.

- De nada, para eso estamos las amigas, ya ves que nadie nos quiere ayudar muy bien.

- Si, pero por suerte nos tenemos la una a la otra.

-¿Sabes que sólo podré ayudarte por la tarde?

- Si y está bien, se que tienes que trabajar, estaré bien. No te preocupes.

-Llámame por sí necesitas algo, me quedaré un rato contigo ¿está bien?

- Si, por mi no hay problema.

-Acomodare y limpiare un poco, está sucio.

-Muchas gracias Tamara.

-No hay de que Diana.

-Te daré algo de dinero - dije sacando el cheque de entre mis senos.

- No, no es necesario.

-Mira - dije mostrándole el cheque.

-¿De dónde lo sacaste? - me pregunto desconfiada mirando el cheque y a mi.

-El maldito loco me lo ha enviado con sus lame botas, dijo que si vivía pagaría los gastos de hospital y me daría está suma de dinero, pero debo guardar silencio o está vez si me matara.

-¡Por Dios! Diana - dijo Tamara en un susurró.

-No le digas a nadie lo que te he dicho.

-Te lo juro.

Tamara limpió, me baño y me dejó comida antes de irse, darle dinero era lo menos que podía hacer por ella, aunque si yo no tuviera ese dinero ella me ayudaría de todas maneras, nuestra vida era difícil y en nuestro ámbito al igual que en todos los trabajos había envidias y problemas, yo no trabajaba en la calle por miedo a que los abusivos me violaran y me dejarán muerta, pero aún así estuve a punto de estarlo a excepción de que no fui violada pero si violentada, yo trabajaba en un club nocturno tanto para hombres como para mujeres, bailaba en un tubo y al final me subastaban primero al mejor postor y así sucesivamente durante toda la noche, Tamara y yo éramos las más cotizadas, pero de ahora en adelante quizás ya no fuera la misma, pues ahora tendría cicatrices y ya no sería una buena carnada para los clientes.

De pronto tras irse Tamara comencé a llorar todo lo que no había podido hacer los días pasados, ahora que estaba sola podía echarme a llorar sin temor de que me vieran, tuve miedo, mucho miedo de ver como me desangraba tirada en alguna calle solitaria, sin recordar como alguien me encontró y me llevaron al hospital, hacía mucho no lloraba desde la muerte de mi madre, desde ese día me sentí aún más vacía y terminaba bebiendo alcohol hasta casi sentirme ebria o por lo menos hasta sentir que ya nada me importaba y podía ser el juguete de ese maldito sádico, siempre era, fue y será así. Me maldije a mi misma por llorar y que mi nariz quebrada se congestionara dificultándome el respirar, teniendo que respirar por la boca, poco después me levanté del único sillón que tenía, apague la luz y me fui a la cama en donde deje que la tristeza y el dolor se apoderaran de mi llevándome a un sueño pesado.

DESCUBRIENDO EL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora