¿Por qué tardó tanto en darse cuenta? ¿Qué clase de chiste era aquel? ¿Justo tenía q enamorarse de ella ahora que estaba saliendo con Luka? Desde luego que era experto en meter la pata.
Y todo porque él se equivocó, la cagó demasiado, y provocó que...
El reloj marcaba las once de la mañana y Marinette y Alya aún seguían durmiendo plácidamente.
- ¡Despertad, ya es muy tarde! - les decía Sabine mientras abría las cortinas y la luz invadía el interior de la habitación.
- Ay... Mamá... un poco más de tiempo - rogaba Marinette perezosa mientras se tapaba de los rayos de sol con la almohada.
Sabine rió y volvió a bajar hacia el salón, dejando a ambas amigas solas para que pudieran desperezarse.
- ¿Qué hora es? - preguntó Alya enderezándose y frotándose los ojos.
- Las once - consiguió responder Marinette tras un bostezo y dándose la vuelta hacia su amiga.
- ¿¡LAS ONCE?! - gritó Alya sorprendida. - ¡Hoy tenía que cuidar de mis hermanas!
La azabache no pudo evitar soltar una sonora carcajada mientras observaba a la morena correr de un lado para otro sofocada, recogiendo sus cosas veloz y dirigiéndose al baño para quitarse el pijama que la peliazul le había prestado y colocarse su ropa de diario.
- No es gracioso, Dupain - espetó la morena arrugando las cejas al salir del baño y comprobar que su amiga aún seguía mofándose de ella.
Un par de minutos más y Alya se encontraba ya lista y en la puerta del apartamento, dispuesta a marcharse.
- ¡Adiós Marinette! ¡Adiós señores Dupain-Cheng! - gritó mientras se deslizaba rápidamente escalera abajo. Iba tan rápido que Marinette se sorprendió de no verla rodar durante todo el tramo de peldaños.
- Qué torbellino de chica - expresó Tikki con una risita a su lado.
- Y qué lo digas. - respondió Mari contagiándose de la risa de esta.
***
- ¿Te viene bien a esa hora? - preguntaba el chico a través de la línea.
- Claro. Allí nos vemos - contestó Marinette, para, posteriormente pulsar el botón rojo y colgar la llamada.
- Te veo muy emocionada - observó Tikki desde el escritorio.
La azabache no respondió, sino que solo se limito a sonreírle a modo de respuesta.
Tras ello, se levantó decidida y empezó a rebuscar en su armario con el fin de seleccionar el conjunto que iba a llevar.
Tras una intensa búsqueda decidió ponerse una falda azul pavo con una chaleco blanco de medias mangas y unos leggins debajo. Una combinación que la favorecía realmente y resaltaba sus preciosos zafiros.
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Cepilló su cabello y lo recogió en sus dos habituales coletas, para después echarse un poco de perfume con aroma a vainilla, esencia característica suya.
- ¿Se podría considerar esto una cita? - cuestionó dubitativa Tikki.
La aspirante a diseñadora rodó ambos ojos y como ya era costumbre, negó cualquier hecho entre ambos: