Rubelangel/Aristemo
Primera Parte
Dedicado a: FRANK-THE-KILLER-91N
La segunda parte se encuentra en [Qué poquito nos duro el amor [Aristemo/Zumito]]
Es un crossover de ambas historias, un especial de San Valentín y es posible (o no) que sea un gran spoiler de lo que se viene para esta historia.
Lean bajo su responsabilidad :D
~°~
Aristóteles sostenía entre sus manos una pequeña maceta con un bello girasol igual de radiante como la sonrisa plasmada en su rostro mientras aguardaba pacientemente la salida de su hija de su práctica de baloncesto sentado en una de las incómodas bancas de espera fuera de la escuela viendo el ir y venir de los automóviles de la vereda.
"Mi príncipe azteca cuento los minutos para vernos" pensó con ojitos de ilusión viendo el cielo azul recordando vagamente sus pendientes de la disquera.
—¿Disculpe usted es el portero de la escuela?
Aristóteles parpadeó confundido saliendo de su ensueño para ver al hombre de impecable traje blanco y acento peculiar con una sonrisa inquietante adornado sus endurecidas facciones que lo hacían ver amenazador.
—N-no...— Respondió intimidado por la presencia de ese sujetó.
Él se pasó una de sus manos encantadas por su cabellera castaña entre cana con fastidio antes de alejarse a paso marcado por la gruesa suela de sus zapatillas negras sobre la cera.
—¡Oiga, espere...! — Aris se levantó de su asiento dejando la maceta con mucho cuidado en la banca para ir detrás de ese hombre.
—¿Qué? — Espetó él cambió haciéndole retroceder instintivamente.
El portón de la escuela era una barrera sólida frente a sus ojos. Aris sufrió mucho la primera vez que llevó a su niña al colegio, aún recuerda a Temo llevándolo casi arrastras mientras su bebé se alejaba al salón de clases y la angustiosa espera para tenerla de nuevo en sus brazos, fue una horrible experiencia
Ese hombre bien vestido y de aspecto catrín parecía tener el mismo dilema según su sexto sentido paternal. Por eso, no pudo evitar preguntarle:
—¿Por qué necesita al portero? — Preguntó Ari en voz baja rezando no cavar su propia tumba por metiche.
—Necesitó hablar con..., alguien. — Respondió dudoso viendo el portón frunciendo su cejo.
—¿S-su hijo?
—...Sí.
Aris vio al catrín pasarse una mano nuevamente por su cabello dándole la espalda se veía cansado, y decaído mientras veía el portón negro como si fuese a desaparecer mágicamente con solo dejar de verla.
—Es tú primera vez, ¿cierto?
—Sí.
Aris se animó a sonreírle comprendiendo la situación.
—¿Te gustaría tomar una taza de café?
Él vió por el rabillo del ojo la sonrisa amable de Aris.
—Bien.
Aristóteles amplió su sonrisa encantado de ayudar a un primerizo, y aún más feliz de la oportunidad de socializar con otros padres.
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