Capítulo #2: Cosa

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El tiempo pasó y las noticias de Ta continuaban siendo las mismas.

El humano se preparaba para la llegada de su segunda hija. No había hablado sobre lo sucedido, no había alerta sobre ese viaje.

El humano tenía pesadillas constantes que lo hacían despertarse y no volver a dormir. Cosa que le impresionaba a Ta debido a la necesidad de los seres humanos por dormir, pero el Capitán a penas y dormía dos horas en muchas ocasiones.

En Warakung, todo continuó con plena normalidad. No habían indicios de represalias o de daños en su mundo por la rápida visita de esos seres humanos.

En los enormes pasillos del castillo, las pisadas aceleradas de un pequeño grupo de guardias alertaron al Rey, quién permanecía parado en el balcón del trono observando parte de la ciudad principal.

-¡Rey! -La firmeza de la voz de Seb hizo que el Rey suspirase.

-¿Qué ocurre para que vengan alterados? -El tono de voz del Rey fue muy tranquilo.

No tenía razón para estar alterado, no tenía alertas ni escuchaba nada que le llamase la atención.

-Ta ha informado que debe regresar.

-Aún el Capitán no ha tenido a su cosa. Ta no puede regresar. -El Rey dejó de observar al grupo que estaba escalando la gran montaña.

Un grupo de Nublados que hacían lo que mejor sabían, desafiar sus cuerpos y sus habilidades. Algunos caían casi alcanzado la cima de la montaña, pero tras unos segundos, volvían a intentarlo.

-Ha informado que ha sido afectada y requiere atención.

-Cuando llegue que pase a aislamiento. Tú te encargarás de ella, si atenta contra la raza... Usa fuego. -El Rey hizo un ademán con su mano y el pequeño grupo liderado por Seb, se retiró.

-Rey, ¿Mandarás a un sustituto? -Wa cuestionó cuando el grupo desapareció ante sus ojos.

-Si Ta se repone, irá ella. No queremos exponer a otros Wakung ante los humanos.

-Algo grave tuvo que pasar para que ella se afectara y no se pueda autocurar.

-Exactamente, y no vamos a exponer a nadie a lo mismo hasta que sepamos lo que ocurre.

El tiempo pasó y la nave aterrizó detrás del pequeño edificio de dos pisos donde Seb habitaba.

Seb era el mejor científico e inventor de aparatos. Él esperaba a Ta listo para analizar y crear algún compuesto que pudiese matar lo que fuese que la afectaba, pero cuando Ta entró a la habitación donde se encontraba, Seb dejó caer el pequeño aparato para revisar los niveles de toxicidad en su cuerpo.

-No te ves afectada. -Habló un tanto cauteloso y Ta, utilizando su velocidad, encendió algunos de los aparatos que Seb utilizaba para fabricar.

Ta llevaba una gabardina amarrada y ciertamente, no parecía afectada.

-Necesito tu ayuda, Seb.

-¿Qué ocurre?

-Necesito que me cubras, por favor. Wa no puede enterarse, ni el Rey mucho menos.

Seb dio un paso atrás y sus ojos se abrieron de asombro luego de agudizar su sentido de la audición.

-Tienes que aislarte, Ta. Puedes infectar a la raza. -Seb señaló hacia la panza de Ta. -Escucho un corazón más.

-No soy infecciosa, Seb. -Ta se puso de pie y tomó la mano de Seb para colocarla sobre su panza luego de soltarse su gabardina.

-Llevas un humano... ¿Cómo es posible? -Seb apartó la mano y observó con pena a Ta. -Te infectaron con sus células.

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