Noche, tras noche, la misma rutina. Ecos que resuenan, fantasmas que, incansables como solo quien dispone de la eternidad es capaz, te siguen ahí donde vas. Durante el día, ajetreado como estás, resulta sencillo ignorarlos. Al fin y al cabo, siempre se mantienen en un segundo plano. Ah, pero durante la noche... Agotamiento, bajan las guardias, y los buitres acechantes perciben de nuevo la muerte. Y así da comienzo, con insoportable puntualidad, la lejana letanía de recuerdos marchando en formación, ahuyentando irremediablemente al agonizante sueño que se ve, una vez más, superado en número. El combate es absurdo, fútil es la resistencia ante tan avasallante enemigo. Solo te quedas ante el peligro, a merced total y absoluta de unos recuerdos que te arrastran por unas calles demasiado pisadas ya. Triste cuadro pintado por un alma agotada ya de luchar.
Oh, pobre soldado, partiste inocente, sin reparos, dispuesto a defender ideales y convicciones, para regresar tambaleante, rengueando entre indiferencia e infelicidad . Oh, alma cándida, pensaste que lidiar con uno mismo sería tan simple como mostrar fortaleza a tu vuelta, que engañando a los demás tu carga en parte se adulteraría. Oh, ingenuo tonto, aún con todo vislumbras, para tu guerra, un desenlace feliz.
ESTÁS LEYENDO
Sumidero
RandomDonde va lo que tiene que salir Donde se escribe aquello que se debió decir
