Si cierro los ojos, aún puedo sentir, en la oscuridad, tus dedos deslizándose por mi piel de forma silenciosa. Con la promesa de la expectativa, el brillo en tu mirada que rozaba la picardía.
Tu boca con el gusto a whiskey y arrepentimiento, ese q...
Recomendación de Canción: Devil doesn't bargain - Alec Benjamin
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Sus dedos se deslizaban sobre mi piel como miel, acompañando a la caricia su lengua, el rastro humedo que dejaba lograba erizar mis vellos, antontar mi mente y desequilibrar mis sentidos
Meza lograba someterme de formas extraordinarias, mientras mi rostro se hundía en la almohada de la misma forma que sus dedos en mis muslos. Feroz, mordaz, ardiente.
De esas veces donde no es suficiente, donde horas parecen minutos y la madrugada nos arropa. El moreno se encarga de dejarme claro que lo disfruta, contrayendo sus caderas en un ritmo más rápido, articulando al igual que yo los jadeos secos que raspan nuestras gargantas, finalmente cayendo en extasía, su espalda pegada a la mía, susurrándome en el oído cuanto me ama. -No me canso de ti.
Y los latidos de mi corazón aumentan con velocidad. -Eres mía. -Declara con la nota de orden en su tono.
Giro en mi posición para acunar su rostro, mirar sus ojos...Veo el brillo que me quita el aliento, como si fuese incapaz de ver a alguien más.
Otra vez le he perdonado una de sus muchas faltas, otra mentira habitual, intencional o por omisión. Una nueva desconfianza. Otra vez coloqué sus necesidades antes que las mías, estaba consiente, sabía que estaba mal, que mi cuerpo temblando, las gotas de sudor y el placer que experimentaba eran consecuencias de dejarle ganar, de drenarme.
La paz momentánea se transformaría en una pelea, en palabras hirientes, en traición. Yo lo sabía, él lo sabia, pero aquí estábamos incapaces de separarnos.
-Soy tuya. -Confirmé, muy a mi pesar, la realidad.
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Trato de ignorar la mano de Meza en mi muslo mientras recuerdos de nuestros encuentros pasados, amenazan mi mente como una tortura. Lentamente me remuevo para que su agarre cese.
Con el silencio reinando en el auto, vamos en dirección desconocida, cualquiera diría que estoy cometiendo una locura, y no estaría en desacuerdo, sin embargo es más difícil negarse. De una forma u otra terminaría haciendo lo que él desea, la opción rápida es aceptar el destino.