Si cierro los ojos, aún puedo sentir, en la oscuridad, tus dedos deslizándose por mi piel de forma silenciosa. Con la promesa de la expectativa, el brillo en tu mirada que rozaba la picardía.
Tu boca con el gusto a whiskey y arrepentimiento, ese q...
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Los días pasaron, aunque todo parecía haberse congelado en mi mente. La tierra siguió su curso. Las hojas cayeron de los árboles, el frío se instaló en mis huesos, y en un pestañear. El juicio había llegado.
No sé porqué me sorprendió que Meza hubiera huido de Elavec, ausentándose del juicio legal. Puede que haya caído en la realización que ni con la ayuda del padre de su novia podría salir de todas las demandas, menos, de la última relacionada con agresión hacia Iván.
Mi hermano lucía moretones marcados en todo el rostro, se había roto tres costillas, y estaba en reposo. Aunque me preocupaba no podía evitar pensar en mi mente: "Te lo dije."
Mi padre, decidió manejar todo el asunto, insistiendo a la prensa en que el ataque había sido directamente por la honestidad de nuestra familia, y no por un boicoteo premeditado. Logrando que Iván saliera bien parado, y nuevamente fomentando la mala fama de la familia Meza.
Y aunque no estaba de acuerdo, estuve ahí, de forma automática, ausente en pensamiento pero presente físicamente. Apoyando a mi hermano.
No duró mucho, luego de que reaccionara, que Iván hizo la pregunta que todos tenían al ver mi anillo de compromiso, ademas del detalle que no pasaba desapercibido; El jugador que se encontraba sin despegarse ni un segundo de mi.
Iván estaba apenas sentado en la camilla del hospital, con Laura a su lado. Aun así, tuvo la fuerza para decir: -¿Es cierto que te has comprometido?
Mis padres se levantaron del sofá en la habitación de hospital, y cerré mis ojos por un segundo, deseando que siguiera inconsciente. Arrugué la nariz cuando mamá jadeó, Jean alternó las miradas entre mi y Eduardo, imagino que evaluándolo en su mente. Me parecía gracioso cómo hasta entonces, no le habían tomado atención o si quiera interés en quien era.
Asentí, levantando mi mano izquierda, la joya brilló bajo la luz blanca.
-Si...
Y eso nos trajo hasta este momento. La fiesta de compromiso. Aunque me negué. Tanto Laura como Dana expresaron su desacuerdo.
-¿Qué dirá la gente si no anuncias tu compromiso? ¡Pensarán que estás de amante!
Levanté una ceja viendo a mi madre. ¿En que siglo estábamos?
Laura sonrió. -Solo una pequeña fiesta, creo que nos vendría bien la distracción.
Sabía que hablaba más que todo por ella, ella necesitaba esa distracción. Con los rostros de desaprobación y la expresión triste de Eduardo, no pude negarme. Era como decirle que no quiero que sepan de nosotros.
Me sentía mal, porque para él debía ser duro. Era allí donde tenías muy en cuenta el dicho: "No escoges que quien te enamoras."
Así que ahora, estaba escondida en la alacena de la cocina, en el restaurante de Laura, fuera estaban varias personas que no conocía, por suerte Eduardo era sumamente dulce y se ofrecía a hablar con todos. No le importaba estar aquí, menos lo que mi familia hacía solo por quedar bien. Él quería ayudar.