Si cierro los ojos, aún puedo sentir, en la oscuridad, tus dedos deslizándose por mi piel de forma silenciosa. Con la promesa de la expectativa, el brillo en tu mirada que rozaba la picardía.
Tu boca con el gusto a whiskey y arrepentimiento, ese q...
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Mi vista no deja sus labios, Meza no hace el más mínimo movimiento para apartarse de mi. Su mano acaricia mi rostro con suavidad, esperando el momento para tomar mi barbilla.
Como puedo trago saliva, tratando de que mi cerebro forme las palabras. -No se lo que quieras pero es mejor que te vayas.
Niega de forma leve. Soy consiente de su perfume, del aroma masculino y también de cómo tiembla su voz.
-Quiero estar contigo, Ronnie...Déjame estar.
Dejo salir un suspiro, mis piernas se debilitan porque apenas y puedo mantenerme en pie de los nervios, el latir desbocado de mi corazón, la sensación de anticipo me consume. El moreno toma mi silencio como una positiva y en segundos tengo sus labios sobre los míos.
Me besa con ansía, con necesidad. Como si hubiese estado mucho tiempo esperando aquello. Como si fuera cierto que me extrañaba.
Puedo sentir sus labios devorando los míos, la ferocidad de su toque cuando sus manos toman mi cintura, acariciando la piel por debajo de mi blusa. Se me erizan los vellos con el roce, es muy tarde para tener fuerza de voluntad y no caer en el toque, le devuelvo cada beso con la misma intensidad, con mis manos en su cabello, con lo lacio y suave que se siente. Apenas respiramos entre besos. Meza me levanta para colocarme en el escritorio, haciendo que caigan manuscritos a su paso, la madera fría se clava en mi espalda y es que me doy cuenta de los botones de mi blusa abiertos y mi abdomen expuesto.
Él no pierde tiempo para saborear mi cuerpo, concentrándose en mis pechos y dejando un rastro húmedo entre ellos mientras aprieta, succiona y enloquece. Quiero poder decir algo pero el revuelo de sensaciones me mantiene fuera de este mundo, solo puedo emitir jadeos y gemidos ahogados que estoy segura podrían escucharse fuera de la oficina.
Se deshace de sus pantalones sin molestarse por la musculosa. Subiendo mi falda, sus dedos acarician mi entrepierna de forma lenta y tortuosa. -Me encanta lo lista que estás para mi.
Apenas y logro mantener la mirada cuando traza círculos suaves y firmes. Muerdo su hombro tratando de mantenerme serena...-Eres mía, muy mía.
E inclusive antes de caer en el espiral embestidas y dejar mi escritorio hecho un desastre. Lo sabía. Era suya, era más suya que de mi misma.
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