Si cierro los ojos, aún puedo sentir, en la oscuridad, tus dedos deslizándose por mi piel de forma silenciosa. Con la promesa de la expectativa, el brillo en tu mirada que rozaba la picardía.
Tu boca con el gusto a whiskey y arrepentimiento, ese q...
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Se leía las 3:43 am en el reloj de mi teléfono móvil, mientras veía como él ignoraba mis mensajes, tirada en el suelo de la habitación, rogaba porque contestara al tiempo que las lágrimas empañaban mis mejillas sin parar, quería dejar de llorar, quería salir de la histeria, pero estaba atrapada, entre él y el ataque de pánico, entre él y la desesperación que consistía en esperar por una respuesta y ser desplazada.
Quería que sintiera lo mismo que yo en este momento, quería que pudiera experimentar en carne propia la decepción por parte de quién más quiere. Temblaba, gritándole que parara porque cuando respondía era peor, sus palabras me dolían como puñales. ¿Cómo puede alguien provocar tanto dolor? preguntaba a la nada. ¿Cómo puede alguien ser tan miserable?
Su voz bajó decibeles cuando dijo de forma cruel: -No te amo. Métete eso en la cabeza, no t-e a-mo. -Nunca sentí una sílaba ser más enfatizada que aquel no. Enseguida mi corazón se destrozaba, para abrir paso al silencio.
Me había dado cuenta en ese segundo que él era capaz de hacer todo, lastimar a quien fuera con tal de lograr lo que quisiera, entendí que la traición tenia nombre y era Meza.
La persona que más amaba era la que más daño me hacía, la persona que más necesitaba era la que me había enseñado que no necesito a nadie.
Parpadeé ajustando mis ojos a la oscuridad. Un sueño. Fue un sueño. Mejor dicho, un recuerdo.
Dejo que mis ojos caigan al despertador de la mesilla. Me sorprende que sea tan temprano.
Un vaso de agua espera al lado de mi cama como dándome la bienvenida, como si mi yo del pasado, antes de dormir hubiera predicho que lo necesitaría. Solté un suspiro y le di un sorbo. Odiaba que los recuerdos me persiguieran como una condena, que cerrara los ojos y visualizara el pasado.
Supongo que la aparición del moreno había dezatado una secuencia de memorias que creía enterradas.
La primera vez que negó que me amaba, la primera vez que enserio rompió una parte de mi.
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