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Las noches en el pueblo de Banff solían ser bastante frías, los habitantes se refugiaban en la calidez de sus hogares, compartiendo bebidas calientes mientras relataban las cosas interesantes que habían sucedido durante el día. El clima no parecía molestarles, estaban acostumbrados a él, aunque de vez en cuando era casi imposible de soportar, especialmente en el cambio de estación.

Esa noche en particular incluía a cierto Dios del Engaño escondido entre los arbustos de la región menos llamativa del pueblo. El frío no le molestaba debido a su condición jötun.

El motivo de su escondite era que aún seguía curioso por la respuesta de su mortal salvadora, Phoenix. Le desconcertó ver que tenía cortes y cicatrices, no porque se le hiciera desagradable, sino que tenía sus motivos. Su teoría era que ella misma se las provocaba. Quería averiguarlo y estaba decidido a observar tanto como fuera posible para descubrir la verdad. Utilizó un hechizo espía en un charco de agua para que este le enviara imágenes y sonidos de lo que sucedía en el interior de la casa. Nada parecía haber cambiado, la chica se mantenía preparando la cena, al terminar se dispuso a comer con gran velocidad. Cosa aún más curiosa.

Ella se veía un poco inquieta, y todo pareció empeorar cuando su madre finalmente llegó a casa. Podía notar que el nerviosismo tomó control de su cuerpo cuando su madre se presentó ante ella.

—Bienvenida, madre.—dijo Phoenix—la cena está lista.

—Espero que sepa bien esta vez.—le contestó la mujer, para proceder a sentarse a la mesa mientras esperaba a que su hija le sirviera.

—Me esforcé para que quedara bien.

—Más te vale, o sabes lo que sucederá.

Loki, que seguía observando todo, pudo notar con claridad que Phoenix tenía miedo, le costaba trabajo emitir algún sonido.

—Con tu permiso, me iré a mi habitación.—hizo como dijo y cerró la puerta al llegar. Apoyó su espalda en la puerta y poco a poco se fue deslizando hasta quedar sentada en el suelo.

El azabache reconocía su miedo, él se había sentido identificado, hace mucho tiempo. El saberse insuficiente para alguien, el querer la aprobación de una persona y sólo conseguir miradas llenas de desprecio. Estaba harto de eso, por eso hizo lo que debía.

Continuó observando y vio como poco a poco Phoenix se iba calmando, respiraba tranquilamente a la vez que cerraba sus ojos.
Pero la calma no duró mucho, su madre empezó a gritarle que debía ir a la cocina inmediatamente. La pobre chica era un mar de nervios, parecía que fuera a llorar.

Esta vez, Loki dejó de lado su hechizo y salió de su escondite para acercarse a la casa, mientras buscaba una ventana.
Cuando obtuvo visión de nuevo, Phoenix ya se encontraba junto a su madre.

—¿Sucede algo malo?

—No, parece que realmente te esforzaste esta vez. Ya era hora, maldita mocosa.

—Madre, yo—

—¡Cierra la maldita boca! No te he dado permiso para hablar, ¿o si?—la chica realmente tenía un problema inmenso, sus ojos estaban acumulando lágrimas mientras los temblores en su cuerpo aumentaban.—Ya veo porque no le agradas a nadie, aparte de que eres una inútil.

Al terminar de hablar, la cruel mujer tomó el plato que había utilizado para comer y se lo arrojó a su hija para luego golpearla.

—¿Qué hice mal? Creí que había hecho bien las cosas, madre.—decía entre sollozos.

—Y si, lo hiciste, pero necesitaba desquitarme con alguien. El trabajo es cada vez más estresante. Y qué casualidad que tu estuvieses aquí para ayudarme con esa tarea.

Carry You -Thorki- Donde viven las historias. Descúbrelo ahora