Tras fallar en su intento de conquistar Midgard, Loki es llevado de regreso a Asgard, donde su castigo por sus crímenes le espera.
Pero no todo parece ser malo, Thor tiene intenciones de hacer las paces con su hermano y volver a los viejos tiempos.
...
En la lejanía del ahora lluvioso reino dorado, se encontraba el príncipe heredero, sumido en una inmensa tristeza. Yacía acostado en su cama, aún con su pijama puesta desde el día anterior. No tenía humor para nada, ni para entrenar o embriagarse con hidromiel en alguna taberna al lado de sus amigos.
Extrañaba demasiado a Loki, habían pasado unos cuantos días pero fueron suficientes para lograr que la siempre radiante sonrisa del príncipe se apagara por completo. Sus amigos no lograban entender por qué le había afectado tanto la huida del embaucador, pero no lo cuestionaron. Intentaban mejorar su ánimo pero era inútil. Incluso sus ojos lucían apagados, ya no poseían aquel brillo que lo caracterizaba. Y lo peor de todo, su estado de ánimo afectaba al clima. Desde la huida de Loki había estado lloviendo todos los días. Odín había intentado distraer a Thor poniéndolo al tanto de las reuniones del Concejo para que fuese aprendiendo. Incluso intentó sugerir que viajara a Midgard para ver a Jane Foster y mencionarle los temas del compromiso y la coronación, pero eso lo puso peor. Fueron esas situaciones las que hicieron que Loki huyera, así que no quería resolver ninguna de ellas hasta tener a su hermano nuevamente con él.
Había ido con Heimdall para preguntar sobre el paradero del embaucador, todos los días y siempre recibía la misma respuesta negativa por parte del observador. Pero un día, dijo algo más aparte de su negativa con respecto a la visualización del pelinegro.
—El amor es difícil, Thor. No debes darte por vencido, tienes que ser paciente y verás que serás recompensado grandemente y podrás ser feliz al saber que tu más grande anhelo pudo hacerse realidad.
Thor se notaba un poco sorprendido por lo que Heimdall había dicho, pero se recompuso en cuestión de segundos. Después de todo, se trataba del observador. Siempre veía todo.
Salió de sus cavilaciones cuando escuchó toques en su puerta, se trataba de Frigga, quien, como madre preocupada, había ido a verificar el estado de su hijo.
—Thor, hijo. ¿Puedo pasar?
—Adelante.—dijo sin mucho ánimo.
Cuando Frigga entró le dedicó una hermosa sonrisa y se acercó hasta su hijo.
—Veo que faltaste al entrenamiento de nuevo.
—No tenía deseos de ir.
—Lo comprendo, pero no debes descuidarte, hijo. Si Loki te viera, no estaría muy feliz. Usaría su magia para arrastrarte hasta la arena.—dijo Frigga con una sonrisa melancólica.
—Es exactamente lo que haría.—Thor intentaba sonreír pero falló al recordar la ausencia de su hermano.
—Querido, sé que tuvo sus motivos para irse, pero no hay duda de que lograrás verlo nuevamente. Lo presiento. Además, eso alegraría los corazones de ambos.
—¿A qué te refieres, madre?
—Ten paciencia, Thor. Todo a su tiempo. Ahora, ponte presentable y ve a entrenar. Usa tu tristeza como motivación, así Loki podrá estar orgulloso de ti cuando vuelva.
—¿Tú crees que él volverá? Lo extraño demasiado.
—También yo, mi cielo. Por ahora sólo podemos esperar, pero no hay duda de que Loki volverá de alguna u otra manera. Siempre regresa a tu lado.—decía Frigga con una sonrisa tranquilizadora.
Casi de inmediato, dejó de llover en el exterior, Thor se sentía motivado. Hablar con su madre siempre ayudaba. No se rendiría con Loki, lo esperaría y le daría un gran abrazo cuando lo viera de nuevo.
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