permítete ver
este nuevo horizonte
libre de truenos
que te muestro
al amanecer
la hora perfecta
para amarte
tiene haces de luz
que evocan
lo innato de ti
sembrado en tus corvas
en tus pliegues palmares
en tus clavículas
y omóplatos
tienes ese brillo lunar
en la cúspide
de los pechos
dormitando
esperando
el aliento del amante
y el eco asombroso
del reino de los mares
ese incognoscible
articula en tus poros
en cada coyuntura
en el arco de tus cejas
en el hábitat
de tu vello púbico
la palabra de poder
primigenia
me abraza lo infinito
en la circunferencia
de tu ombligo
en ti es cicatriz
que recuerda lo eterno
