El día era simplemente hermoso, el cielo despejado, los pájaros cantaban y la suave brisa movía los arboles ligeramente, en resumen: era un día perfecto a pesar de la tenue niebla que rondaba por las montañas.
Sentado en su escritorio, un apuesto joven de aproximadamente 19 años se encontraba leyendo unos informes sobre un nuevo caso que estaba investigando, ignorando el bello clima que se podía apreciar por la ventana que estaba frente a él.
- ¿Shinichi? –Su madre, Yukiko había tocado suavemente la puerta. –Las chicas y yo saldremos a dar una vuelta ¿Quieres ir? –Preguntó con amabilidad.
-Tengo que terminar estos documentos, vayan ustedes. –Rechazó con amabilidad.
- ¡Vamos Shinichi! ¡Deberías salir un poco! –Insistió, pero Shinichi solo negó nuevamente. –Está bien, ¡Vámonos chicas! –Gritó Yukiko, pero una de ellas grito emocionada.
- ¡Miren, es el castillo de Kaito! –Curiosas, un grupillo de mujeres corrió a la ventana. Shichi sin poderlo evitar, fijó su mirada azulada en la ventana. Entonces lo vio, aquella extraña construcción que se movía a lo lejos entre las colinas lentamente.
- ¡Qué miedo! –Exclamó una de ellas.
-Ya se ha ido, exclamó otra.
-No, se está ocultando de los aviones de la niebla –Respondió otra.
- ¡Dicen que a la hija de la vecina, Kaito le sacó el corazón! ¡Qué miedo, ya no quiero salir! –Contó otra.
- ¡Tranquila, solo ataca a chicas bonitas! –Replicó la primera con burla y todas se rieron.
-Andando señoritas –Apresuró Yukiko.
Tras un rato más, terminó de leer los documentos, se estiró en el respaldo de la silla, haciendo crujir su espalda. Miró la hora y sonrió.
-Creo que iré a visitar a Ran su nuevo trabajo en la cafetería, tengo hambre también. –Decidido, se levantó y tomó su saco azul marino, se lo colocó y salió del despacho. Camino un par de cuadras, antes de subirse al tranvía que iba pasando. Tras unos cuantos minutos, se bajó y tomó rumbo a pie entre las concurridas calles de la ciudad, mucha gente reunida miraba el desfile de las fuerzas armadas, que se dirigían al campo de batalla, lamentablemente Ekoda se encontraba en un conflicto contra Beika.
Esquivando a las multitudes, terminó entrando en un callejón mirando a su alrededor, tratando de ubicar la cafetería donde trabajaba Ran. Distraído, chocó contra un soldado. Recién cayó en cuenta en el embrollo que estaba metido, muchas veces terminaba siendo acosado por pervertidos, tenía ese tipo de mala suerte que atraía los problemas.
-Pero miren nada más que tenemos aquí, un lindo ratoncito perdido. –Shinchi frunció el ceño molesto ante el apodo.
-No estoy perdido. –Retrocedió un poco dispuesto a marcharse.
-Y parece que tiene sed –Volvió a hablar, atrayendo la atención de su compañero, un hombre de bigote marcado también lo miró con curiosidad. Maldecía en esos momentos su complexión delgada en comparación de aquellos hombres que lo molestaban.
-Es un chico muy tierno como para ser un ratón –Shinichi comenzaba a sentirse incómodo. Estos comenzaban a invadir su espacio personal a pesar que retrocedía todo lo que podía, cuando estaba dispuesto a golpearlos, sintió una mano sobre su hombro, sobresaltándolo ligeramente.
- ¡Ah, aquí estas! Estaba buscándote. –Una alegre y juguetona voz le habló.
- ¡Oye! ¡Estábamos charlando con él! –Los soldados se molestaron.
- ¡No me digan! A mí me pareció que estaban a punto de irse. –El recién llegado movió su dedo y los soldados, controlados por la magia, dieron media vuelta y se alejaron marchando.
-Tenía todo bajo control –Protestó Shinichi con un puchero, el cual se congeló al levantar la vista y ver un sombrero de copa blanco y un monóculo, ocultando ligeramente el rostro de su salvador.
- ¿A sí? A mí me pareció que tenías problemas y no me refiero a esos idiotas. –Ven, caminemos un poco, alguien estaba siguiéndome. –Sin esperar respuesta, lo jaló para que caminara.
- ¡Pero yo iba a la nueva cafetería del centro! –Protestó inútilmente. A paso ligeramente apresurado lo llevaba el extraño vestido completamente de blanco, su cabello negro resaltaba entre tanto blanco y su sonrisa era muy atrayente. –Este chico...acaso será...¡! –Sin querer se tensó al descubrir de quien se trataba.
-Tranquilo, no te haré daño. –Un sonido extraño atrajo su atención, al mirar atrás vio como unas extrañas sombras emergían de las paredes, estas cosas con formas humanas de aspecto lodoso comenzaron a multiplicarse y los seguían, asustando ligeramente al detective. –Creo que te quieren a ti. –Sin poderlo evitar, se aferró a Kaito al ver como se formaban más enfrente de ellos, tapándoles el paso. -¡Por aquí! –De golpe, giró hacia la izquierda. Pero inmediatamente se formaron más tapándoles el paso de nueva cuenta. - ¡Sujétate! –Sin previo aviso, tomó a Shinichi de la cintura y saltó, elevándose en el aire, justo en el momento que todas esas criaturas se abalanzaron sobre ellos.
- ¡Oh por dios! ¿¡Qué demonios era eso!?
-Estira las piernas y comienza a caminar –Susurró a su oído al mismo tiempo que flotaban. Shinichi obedeció y comenzó a moverse como si estuviera caminando.
- ¿Lo ves? No es tan difícil - Sorprendido vio como avanzaban. Kaito rio divertido al ver como Shinichi se aferraba a sus manos con temor. La conmoción anterior había destrozado su carácter. –No tengas miedo, te sale natural. –Alabó en tono coqueto. –Avanzaron hasta que llegaron al balcón de la cafetería que buscaba, con suavidad lo depositó en el suelo. –Yo me encargaré de que se vayan, no dejaré que te lastimen.
-Si... -Reticente, soltó su mano y se dejó caer del balcón.
- ¡Trata de no meterte en problemas! –Gritó a la vez que caía.
- ¡Kaito! –Asustado corrió al balcón y no vio nada. Suspiró agotado por todo el mar de emociones que inundaban su pecho, un ligero sonrojo apareció en su rostro al recordar lo atractivo que era al mago. - ¡Tonterías! –Un poco avergonzado, movió su cabeza.
- ¡Shinichi! –Una simpática jovencita de cabello castaño llegó corriendo a su lado.
- ¿Ran? –Reaccionó apenas.
- ¿¡Que es lo que ha pasado!? ¡Me dijeron que acabas de llegar flotando al balcón! –Su sonrojo de acentuó un poco más.
-Debió tratarse de un mago. Estaba en problemas y me ayudo.
- ¡Debes tener cuidado! ¿Qué hubiera pasado si se trataba de Kaito Kid? ¡Pudo haberte robado el corazón! –Shinichi frunció el ceño.
- ¡Solo ataca a las chicas! –Se defendió.
-Algunos creen que eres tan lindo como una ¿Sabes? –Nuevamente se sonrojo.
- ¡Soy un chico, no digas cosas de mal gusto! –Ran rió.
-Sí, si lo que digas, andando, debes de tener hambre. –Shinichi asintió y la siguió escaleras abajo, a la cafetería. No sin ante mirar por última vez hacia el balcón y sonreír.
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Kaito's Moving Castle
FantasySe dice que hace mucho tiempo, un mago estuvo en búsqueda de una hermosa joya durante años, pero no una joya cualquiera, esta le otorgaba la inmortalidad a aquella persona que bebiera el líquido que de esta emanaba al colocarse frente al brillo de l...
