Se dice que hace mucho tiempo, un mago estuvo en búsqueda de una hermosa joya durante años, pero no una joya cualquiera, esta le otorgaba la inmortalidad a aquella persona que bebiera el líquido que de esta emanaba al colocarse frente al brillo de l...
Tras una pequeña discusión con el mago, finalmente cedió a aceptar aquel descabellado plan. Kaito, extremadamente feliz, hizo aparecer un par de cajas frente a Shinichi, quien las tomó con duda, se sorprendió al ver el contenido de las mismas: se trataba de un elegante traje negro con detalles en dorado, complementado con una larga capa negra y unas gafas negras, como adorno final, una boina con bordados en dorado.
- ¿Y esto...? –Preguntó mirando al mago con duda.
-Es para ti, si irás al palacio como "mi hijo", debes ir lo más presentable posible. –Dijo con simpleza.
-Pero... esto es demasiado... yo... yo no puedo aceptarlo. –Kaito sonrió y tomó una de las manos de Shinichi, haciendo que se sonrojara.
-Hazlo, por mi. –Pidió con cariño. Shinichi suspiró y no le quedó más de otra. –Si no es de mi talla, lo rechazaré.
-Estoy completamente seguro de que te quedará perfecto. –Dijo con seguridad. –Además, es especial, se adapta a tus "transformaciones" causadas por el hechizo.
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Shinichi se miraba al espejo, el traje le quedaba realmente bien, debía admitir que Kaito tenía muy buen gusto. Miraba su cuerpo en el espejo, observando cada detalle, intentando encontrar algo para rechazar la ropa, pero no encontró nada. Suspiró rendido y salió del baño. Kaito silbó al verlo.
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-Te queda realmente bien. –Alagó Kaito, haciendo sonrojar de nueva cuenta al detective. –Pero, ¿Usarás esos lentes? –Preguntó al ver que no usaba los que venían a juego con el traje. –Use mi magia para ese traje tan elegante.
-Cuida de él, Haibara-san –Dijo ignorando el comentario de Kaito. Bastante nervioso ya estaba como para seguirlo enfrentando. Se dio la vuelta y se dirigió a la entrada. Haibara lo iba a acompañar a la entrada, pero Kaito hizo un gesto de que se quedara atrás.
- ¡Buena suerte, Conan-kun! –Gritó Jii. Shinichi llegó a la puerta, cuando colocó su mano sobre el pomo, sintió un cálido cuerpo que lo sujetaba por detrás y tomaba su mano con delicadeza.
-Uhhh... ¿Eh? –Lo había sorprendido. Kaito colocó sobre su índice un anillo plateado, adornado por una joya de color azul cobalto.
-Con esta... sortija podrás regresar -Le susurró con una sonrisa. Shinichi por su parte, lo miró sorprendido. –Yo te seguiré de cerca disfrazado, no te preocupes, cuidaré de ti. –Continuó hablándole en tono bajo. –Ahora, ¡Buena suerte! –Dijo abriendo la puerta y dándole un empujón al detective, sacándolo del castillo y rompiendo aquella atmosfera de intimidad que se había formado. –Por cierto toma esto, ya sabes, es cuestión de elegancia. –Dijo dándole un bastón negro.