-Puedes hacerlo -le aseguró Jazmín, mientras Valentina iniciaba el ascenso hacia la cima de la cueva.
-No creo que pueda -dijo Karol sacudiendo la cabeza.
-Te sorprendería saber todas las cosas que puedes hacer ahora-le respondió Jazmín sonriendo. Después, sin mirar si Karol la seguía, comenzó a trepar.
Valentina, Jazmin y Jimena ascendían con agilidad por la pared de piedra. Jimena sólo se debatió unos segundos, pero después empezó a escalar detrás de ellas. Le resultó sorprendentemente fácil. No era exactamente que se hubiese convertido en una escaladora mejor, sino que era más rápida, más fuerte, más diestra en todo. ratos resbalaba, pero se recuperaba fácilmente.
Cuando alcanzó la cima, Valentina estaba en el borde, de cara a la bahía, de modo que la boca de la cueva quedaba justo debajo de ella. A esa altura el viento soplaba con más fuerza, azotando el cabello de las chicas.
-¿Qué estamos haciendo aquí arriba? -preguntó Karol, acercándose a ella.
-Quería mostrarte qué somos -dijo Valentina.
-¿Qué son?
-Lo mismo que tú. -Valentina la miró de frente, sonriendo. Karol tragó saliva.
-¿Y qué es lo que soy?
-Ya lo verás -dijo Valentina, y al decirlo estiró la mano y la empujó al vacío.
Karol cayó, gritando y moviendo los brazos.
Una caída desde esa altura, incluso al agua, era peligrosa, y eso suponiendo que no cayera sobre las rocas. Y así fue.
Cuando golpeó la superficie del agua, sintió como si se diera contra el suelo. Le dio de lleno en la espalda, dejándola de inmediato sin aire. Se hundió en el agua y sus brazos golpearon con fuerza contra una roca. Empezó a sangrar y la sal hizo que le ardiera la herida.
Comenzó a nadar agitadamente hacia la superficie, tratando de superar el espantoso dolor que sentía en todo el cuerpo.
Pero la caída la había desorientado, y le costaba saber realmente lo que era dentro y lo que era fuera del agua. No sabía hacia dónde nadar y sus pulmones estaban a punto de estallar por falta de oxígeno.
Pero mientras luchaba por salvarse, sintió un cambio. El mismo que había sentido en la ducha y en la piscina, sólo que más intenso esta vez. Un fuerte cosquilleo por debajo de la piel empezó a recorrerle la totalidad de las piernas.
Físicamente se sentía bien, mejor de lo que jamás se había sentido, y lo habría disfrutado de no haberse estado ahogando.
Las extrañas transformaciones que experimentaba la habían distraído y ahora jadeaba tratando de respirar como si estuviera en la superficie. Su cuerpo lo hacía involuntariamente, y suponía que sus pulmones se llenarían de agua... pero, en cambio, cuando aspiró, inhaló oxígeno.
Podía respirar debajo del agua.
Karol parpadeó desorientada. Hasta podía ver debajo del agua, y no de esa manera borrosa como cuando una luz brillante la iluminaba. Su visión era aún más clara que en tierra.
Después vio el estallido de agua que produjo Jazmin al zambullirse en la bahía delante de ella. Por unos segundos su cuerpo quedó rodeado de burbujas blancas.
Cuando se disiparon, Jazmin nadaba ante ella, con su cabello rubio flotando alrededor como un halo.
Le sonrió, y Karol vio que Jazmin ya no tenía piernas. Tenía una larga cola, como de un pez. Su torso todavía era humano, con el pecho cubierto con un colorido biquini.
Karol bajó la vista para mirarse y se dio cuenta de que ella también tenía la misma cola de pez, cubierta de escamas de color verde iridiscente. Su biquini se había rasgado y abierto por la mitad donde antes se unían las piernas y ahora la tela rodeaba su cintura como un cinturón.
Entonces Karol lanzó un grito, y Jazmin se limitó a reír.
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Karol oficialmente ya es una sirena como las demás chicas.