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El albino no pegó ojo en toda la noche, cuando el cielo estaba amaneciendo se bajó del sofá mirando la ventana.

Se perdió en sus pensamientos divagando sobre ellos, sobre cómo era su vida antes, y ahora.

Por ejemplo, antes apreciaba a Vegetta, pero ahora mismo podría decir que lo detesta.

Al igual que el imbécil de Frank.

Willy gruñó un poco por lo bajo en sus pensamientos, odiaba tener que soportar caras que no le recordaba buenas cosas.

Y todo esto por estar obligado estar en la Tierra, que seguramente en algunos años pasasen desgracias y desgracias.

Así era el mundo de ahora en día, vives tú vida como puedes esperando a que nuevas desgracias te destruyan poco a poco.

Tan lentamente que cada vez que es una distinta, notas el cambio.

Y lo peor es que sientes un dolor en el pecho que con el tiempo se va, hasta que te acostumbras.

Porque eso es la vida, resistir los duros golpes de ella.

Pero eso no significaba que después de eso fueras el mismo, porque no lo eres.

Solamente eres la versión de tí que más ha resistido, es lo único.

Y ahora mismo Willy estaba en esa versión, había resistido tantas cosas que no había apenas nada que lo dañase.

Aunque lo peor de Willy fue aquel día, el día de su muerte.

Aunque lo peor de Willy fue aquel día, el día de su muerte

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Bastantes años atrás, cuando Willy tenía diecisiete años.

El albino era un chico algo alto, pero a la vez estaba demasiado delgado, era lo que pasaba cuando apenas le daba para comer.

Su única solución era robar, e inclusive muchísimas cosas más. Había aprendido que tenía que mirar por él, nadie le ayudaría.

Su rostro lucía demacrado, podría decir que se le habían acabado las ganas de vivir.

Seguía aquí por él mismo, pero estaba llegando a un punto que le empezaba a dar igual.

¿Y si muero ya? Total, a nadie le importaría. - Eran unos de los pensamientos que siempre le acompañaban, solamente los intentaba ignorar.

El albino daba pasos tambaleantes, apoyándose en la pared, su mirada borrosa se dirigía hacia el suelo.

¿De verdad que no deseas librarte de este dolor? - Pensó para sí mismo, estaba cansado como física y mentalmente.

El pecho le dolía como nunca, no que le pasase nada, sino que llevaba una tristeza que no podía con ella, y intentaba poner una cara en la que no se viera aquel dolor que llevaba por dentro.

Su barriga también era lo peor, llevaba días de intenso dolor, ya que había tenido que cambiarse de ciudad, lo habían pillado robando y casi le arrestan. Ahora mismo se dirigía hacia el antiguo pueblo de Karmaland.

the arrogance of a god - willganDonde viven las historias. Descúbrelo ahora