Un ramo y una carta

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Pasados algunos días luego de esa discusión tan decepcionante y triste, decidí volver con mi "trabajo inicial" y terminarlo como se debía. En efecto, las fases. En total eran cuatro y habíamos completado tres. Íbamos por buen camino. Precisamente hoy, estaba más que decidido a concluir la penúltima fase de este plan. Consistía en nada más y nada menos que una carta junto a un ramo de flores. Sin embargo no de cualquier flor, sino, las favoritas de Marth.

Según recuerdo, le gustan muchísimo los claveles violetas. Y lo que recuerdo más que nada por un florero que contenía este tipo de flor, el cual estaba sobre el mueble en el que también se encuentra su televisor. Realmente se veía muy bien y armónico de esa manera, además, en aquella ocasión su habitación estaba decorada por tonalidades blancas y violetas, aunque también azules.

En fin, suspiré mientras abría las cortinas de mi cuarto. Para mí mala fortuna quizá, la ventana daba con uno de los tantos campos de batalla y más hacía el fondo se podía observar el jardín junto a la cafetería. Al estar en las habitaciones del segundo piso la vista era bastante bonita. Aunque también dependía de la zona en la que se encontrase el cuarto. En mi caso, estoy en medio de la mayoría, por ello tenía un campo de batalla frente a mi cada mañana, junto con el jardín y la cafetería. Incluso puedo asegurarles que alcanzo a ver la entrada para ingresar a la mansión. Aquel portón tan alto que me recibió el día en el que finalmente me integré al plantel de Smash.

Tenía muy buenos recuerdos de ese día para serles sincero. Al principio me parecía la mansión más enorme que apreciaría en lo que me restaba de vida. Pero al poco tiempo me acostumbré tanto a ella, que en algunas ocasiones durante los descansos me daba una que otra vuelta por toda el área. Forjé muy buenas amistades y conocí todo tipo de personas con personalidades totalmente diferentes. Me sentí cómodo, feliz, pero sobre todo orgulloso de mí por haber ingresado.

Sonreí al rememorar con cariño aquellos días mientras me recargaba sobre el respaldo de la ventana y observaba mis alrededores. Mientras lo hacía, pensé en qué palabras plasmaría Ike sobre el papel para entregárselo a Marth en forma de carta. Me imaginé por un momento algo similar a la solicitud que le envió a Master Hand. Líneas sin sentido ni dirección y "o" que parecían más una "e" y "a" que parecían una "u". Aunque la única letra entendible entre aquel "texto" era la "L" y en mi opinión era bastante bonita.

No quiero presumir, pero tengo una caligrafía muy buena, más en específico la llamada "Copperplate". A mi parecer es una de las más finas y también formales que puede haber. En realidad, muchos confunden mi letra con la de una dama ¿Por qué? precisamente por el tipo de caligrafía. Aunque se puede diferenciar un poco al notar el grosor de algunos trazos.

En fin, luego de colocar todo en orden me encaminé hacia la cafetería. Era un domingo a las 11 de la mañana, los pasillos estaban tranquilos mientras el canto de las aves armonizaba el lugar cuan orquesta de cuerdas y vientos. De alguna manera el ambiente me recordaba un poco a la Primavera de Vivaldi. Proseguí con la caminata hasta llegar a mi destino. Me preguntaba cuál podría ser el desayuno de hoy. Sin embargo, alguien me impidió seguir, pues sin previo aviso, fui cargado por unas manos un tanto finas enguantadas de negro. Exacto, era Marth. No me gustaba en lo absoluto que me cargasen como si fuese un peluche por mi tamaño. Sin embargo, la única ventaja de esto era que no debía gastar energías en caminar. Miré hacia arriba, encontrándome con el rostro sonriente de mi amigo.

¡Hola, Meta Knight! Buenos días. —Saludó bastante emocionado, como si fuese un tierno infante a quien le habían comprado el juguete que anhelaba hace tanto tiempo.

Buenos días, Marth. Veo que andas de un muy buen humor ¿Eh?

¡Sí! Es que... verás, el jueves que te invitaron a la charla Ike y yo nos reunimos en el parte del jardín donde me regaló los chocolates. Y bueno, yo le dije que nos reuniéramos porque quería darle algo. Ya que nos reunimos le di un pequeño nenúfar de papel; sabes que me gusta mucho la papiroflexia. Entonces después de que se lo diera me dijo "Gracias, Marth. Está muy bonito. Ya sabes, las cosas se parecen a su dueño" y en eso que me da un besito en la frente. —Soltó un pequeño grito mientras giraba sobre sí mismo. — Estaba gritando internamente porque ¡Ah! Sus labios son tan suaves... Me pregunto cómo sería besarlo.

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