12, Recuerdos

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Marc condujo a toda velocidad por las calles de la ciudad hasta confirmar que nadie les seguía. La sensación de adrenalina desaparecía lentamente dando paso a una extraña sensación de bienestar. Sus manos y sus dedos seguían temblando de la eufórica carrera nocturna mientras que su pulso aún estaba acelerado por la enorme tensión de escapar de los disparos de aquel individuo.

No fue hasta pasados unos quilómetros de distancia del apartamento de Darla que decidió parar el coche en una esquina para ver cómo se encontraban sus compañeras.

Darla, que estaba a su lado, se habría desmayado después del impacto de bala en el cristal trasero del coche. La levanto a fin de ver que no estuviese herida y le limpió unas gotas de sangre que le resbalaban por la comisura de los labios con su propia manga de la camisa.

Anne, que ya se había incorporado a su asiento, tenía unas pintas horribles. La lluvia de cristales de la ventanilla estallada por el disparo le había hecho algunos pequeños cortes en la cara y las manos. Además tenía cristales enredados en su melena negra.

Se miraron uno a otro en silencio, exhaustos por la enorme descarga de adrenalina unos minutos atrás.

— Ven aquí, deja que te quite los cristales.
— Cuidado —se quejó Anne atemorizada—. Me duele todo —dijo mientras llevaba su mano al costado que se había golpeado contra el marco de la puerta—.
— Anne, cuéntame que ha pasado —le exigió mientras extraía pedazos de vidrio de la melena de la chica—. Me merezco una explicación.
— Prométeme que no le dirás esto a nadie —se retiró para mirarle directamente con su profunda e intensa mirada de ojos verdes—. Si de verdad te importa Darla vas a ayudarnos.
— Si no me importase no habría hecho lo que he hecho. ¡Joder, hasta le he metido un puñetazo a un tío con un arma!

Miró a Darla y allí, dormida, indefensa y menuda como era le pareció la mujer más hermosa del mundo. Anne los miraba con ternura, la envidia despertó en su interior al ver la mano de Marc acariciar el rostro de su amiga.

— Darla me ha escrito para venir a verla esta tarde. Algo le pasaba, se lo note enseguida que me escribió. Vine corriendo porque pensaba que tenía que ver con lo suyo... Ya sabes. Pero cuando llegue, joder no sé muy bien cómo explicarlo, pero era como un puto Jedi. ¿Sabes? Movía cosas con mirarlas —la cara de Marc paso a poner una mueca de incredulidad—. Te lo prometo Marc, me enseño como movía cucharas y fruta y tal. Una pasada...
— Venga Anne.
— Que sí tío. Te lo prometo. ¡Era flipante! Y la cosa pues que estábamos jugando a descubrir que tal funcionaban —hizo el gesto de las comillas con sus dedos— "sus poderes" cuando hubo un lío raro en el piso de los vecinos. Llamamos a la policía y fuimos a echar un vistazo para ver si estaban bien. Y... Mierda, el resto ya lo has visto. Supongo que Darla no pudo controlarse cuando esa chica la atacó con el cuchillo.

— Espera, espera. ¿Qué cuchillo? ¿Quién os ataco?

— La chica que había dentro del piso que Darla reventó.
— ¿Me estás diciendo que Darla hizo todo aquello de la puerta?
— ¿Entraste dentro del apartamento? Si lo hubieses hecho sabrías a que me refiero con reventar
— No, que bah. Limpié la puerta como me dijiste y lo de las escaleras.
— Pues menos mal. Porque yo estuve allí y fue un horror —recordó la escena y le volvió una arcada, abrió la puerta del coche con la intención de volver a arrojar—. Necesito que me dé un poco el aire.

Salió del coche y cayo de rodillas al suelo, elevando su rostro e inhalando una profunda respiración de aire fresco que le inundó de calma y de paz. Se mantuvo allí, con los ojos cerrados y concentrándose en su situación actual. Darla había perdido su hogar, todas sus posesiones y hasta el control sobre ella misma. Debía ayudarla. Estaba aterrada y totalmente confusa por los acontecimientos de esa tarde, pero en su corazón latía un ardiente deber de ayudar a esa chica delgada y enferma que nunca se alejó de ella.

A TIEMPO DE VIVIRHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora