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Fin

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Parado en la entrada del aeropuerto, observando el tímido amanecer mientras fumo un cigarrillo, la humedad que se junta con el viento nocturno de Maiquetía me golpean la cara causando una extraña sensación de frío pegajoso.

Me distraigo en mis pensamientos porque hay muchas cosas pasando por mi cabeza justo ahora. Para empezar tuve que pedir permiso en la imprenta para poder venir hoy, sin mencionar que ya pedí vacaciones adelantadas para la semana que viene. Es una suerte que mi jefa sea mi vieja profesora de Diseño I y que, de todas las materias, justo a esa le dedicara todo mi esfuerzo. Por otro lado la espera se me está haciendo muy larga y me encantaría poder dormirme y despertar cuando ya todo haya terminado.

- Amor - dice Karina apareciendo detrás de mí de pronto - ¿No tienes frío?

- Ya no se qué coño es este clima - le digo sonriendo.

Karina sonríe y me abraza. Es tan reconfortante como cálido, igual que hace 8 años cuando nos conocimos.

- ¿Estas nervioso? - Pregunta.

- Bueno, no es como si todos los días estoy esperando a mi mejor amiga en el aeropuerto.

- ¿Eso es un si?

- Es un "claro que sí".

Nos reímos sin parar de abrazarnos y nos quedamos un rato en silencio. Termino mi cigarrillo y entramos de nuevo. La salida de migración siempre tiene gente caminando y, mirando a mi alrededor, hay un montón de personas que se abrazan y reencuentran. Me pongo a pensar entonces qué es lo qué haremos Sofía y yo cuando nos veamos. ¿Saltaremos? ¿Correremos? Llorar seguro, hace 8 malditos años que no nos vemos.

- Se supone que ya debe estar esperando las maletas - digo mientras golpeo con mi pie el piso repetidamente.

- Tigre, amorcito, bebé...

- Si, si, estoy calmado.

- Piensa que tiene que esperar sus maletas, las de Diego y el pequeño Gabo.

- ¿Nunca pensaste que es muy raro llamar a tu hijo como tú mejor amigo?

- Bueno, no es como si Gabriel fuera un nombre raro.

- Supongo. Aún así no creo querer llamar Sofía a nuestra hija.

Ella ríe y me aprieta más fuerte.

- ¿Y cómo sabes que va a ser una niña?

- No, bueno, si fuera el caso.

Karina se comienza a sobar la panza suavemente mientras deja escapar un suspiro. Apenas nos enteramos la semana pasada que tiene un mes de embarazo.

- ¿Ya le contaste? - pregunta.

- Quise esperar a que estuviera acá. Será más interesante ver su reacción en persona.

- Puede ser. Procura hacerlo antes de la boda.

- Quedan cinco días así que tengo mucho tiempo.

- ¿Dijiste lo mismo cuando pensaste en casarnos?

Intento evitar la risa, pero tiene razón. Después de la graduación comenzamos a vivir juntos casi de inmediato y pasaron 3 años para que por fin tomara el valor de preguntarle si quería casarse conmigo.

- Bueno, la situación no estaba como para pensar en esas cosas - miento, simplemente no me atrevía.

Nos apoyamos en la baranda que separa la salida de migración con el resto del aeropuerto y por un rato nos quedamos en silencio mientras esperamos hasta que, por fin, puedo ver la rubia cabellera a lo lejos. Mi amiga está aquí por fin. Diego, un tipo alto, lleva a el pequeño Gabo cargado en su brazo mientras con la otra lleva una maleta.

El corazón se me paraliza cuando veo que Sofía se aproxima mirando a todos lados hasta que hacemos contacto visual. No puedo evitar sonreír como un tarado al ver a mi amiga ahi, inmóvil y con su pecoso rostro pálido. Karina me suelta y la saluda con la mano mientras yo también estoy inmóvil recostado de la baranda. Sólo unos segundos después mi amiga comienza a llorar desconsoladamente, suelta la maleta que tenía en la mano y comienza a correr a toda velocidad hacia nosotros.

- Amor - digo tragando saliva - Si muero ahora, cuida del niño.

Karina no pudo evitar reír y echarse a un lado porque sabe muy bien lo que viene. Doy un paso atrás y segundos después Sofía está brincando sobre la baranda y saltando sobre mí, tirándonos al piso mientras nos unimos en un gran y fuerte abrazo. Las risas de Karina apenas se escuchan cuando mi amiga y yo empezamos a llorar desconsoladamente ante la mirada de las personas a nuestro alrededor.

- ¡Maldito Gabriel! - grita Sofía sin parar de llorar.

- Hola, bebé - digo riendo entre el llanto - Qué agradable manera de reencontrarnos.

- ¡Cállate! - grita apretando más fuerte - Hace ocho años que no te veo y solo dices "Hola, bebé".

- Y tú lo único que dices es "Maldito Gabriel".

Me suelta, me mira fijamente y casi de inmediato nuestras lágrimas se detienen y comenzamos a reír de la felicidad. Por fin estamos de nuevo frente a frente. Nos levantamos y nos abrazamos otra vez con más fuerza que antes. Por simple emoción la levanto y comienzo a dar vueltas sin parar mientras reímos por unos segundos. Justo detrás puedo ver a el pobre de Diego que quedó a cargo de todo.

- Gabo, por fin te lo puedo presentar - dice Sofía volviendo a la compostura - Él es Diego, mi prometido. Mi amor, él es Gabriel, mi mejor amigo desde el cuarto grado y ella es Karina.

- Un placer, Diego - digo sonriendo mientras le doy la mano.

- Igualmente - dice él aún con cara de incredulidad - Qué buen reencuentro.

- Lamento que hayas tenido que ver eso - dice Karina riendo.

- ¡Ven acá tú también! - dice Sofía enérgicamente mientras se abalanza sobre Karina para abrazarla.

- Cielo, no se si deberías estar brincando tanto - dice Diego.

- ¡Ay, relájate! - Sofía se aproxima a él y levanta al pequeño Gabo, de tan solo 1 año y medio, y viene a hacia mi - Gabo, conoce al tío Gabo.

- Hola pequeñín - digo acercando mi rostro al suyo - Lamento que tu mamá no tenga buen gusto en nombres.

- ¡Es hermoso! - dice Karina - ¡Que niño tan hermoso!

- Es igual a ti, amiga - digo haciéndole cosquillas a las pequeñas pecas que se asoman en sus mejillas.

- Bueno, y te tengo una noticia - dice mi amiga de pronto - ¡Se viene un hermanito!

- Nos hemos enterado la semana pasada - comenta Diego - Apenas un mes.

Karina y yo nos quedamos en blanco, nos miramos y reímos. Karina levanta los hombros, como diciendo "ya qué" así que decido decirlo de una vez.

- Bueno, Karina también tiene un mes y nos enteramos la semana pasada.

Diego vuelve a hacer su cara de incredulidad mientras Sofía deja escapar un grito ahogado mientras se estremece con el pequeño Gabo en sus brazos. Apenas volvemos a estar juntos y ya empiezan las coincidencias, esas extrañas coincidencias a las que ya me acostumbré hace tantos años.

- Hostia, tenías razón con eso de las coincidencias - dice Diego a Sofía - ¿Cómo es que lo logran?

- Ay, querido Diego - dice Karina de pronto - Llevo ocho años preguntándome lo mismo.

Nos reímos y hablamos unos minutos más hasta que por fin tomamos las maletas y salimos del aeropuerto. Una vez afuera Sofía siente la brisa mañanera y se queda parada por un momento. Me detengo a verla y no puedo evitar sonreír al ver a mi amiga, tan hermosa como siempre, parada justo a mi lado 8 años después. Ella me mira y sonríe también, y al cabo de unos segundos seguimos caminando, juntos, sintiéndonos como si fuéramos jóvenes una vez más.

Si es contigo, mejorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora