[Actualización lenta]
- ¡Deja de pretender que todo esto está bien!
- Dejaré de hacerlo cuando tú te des cuenta de que lo que siento por ti, lo que sientes por mí, está absolutamente bien.
Twilight fanfic
Segunda portada: Febrero 2022
Tercer portad...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
No puedo entender lo que está pasando.
Mi vida cambió en un instante, por lo que no pude prever lo mucho que me afectaría, ni tampoco el daño que podría hacer a los que están a mi alrededor.
El haberme transformado en una metamorfo, en una mujer que cambia a lobo, me hizo darme cuenta de lo mágica que puede ser la vida, al mismo tiempo que absurda. ¿Cómo es siquiera imaginable tener que lidiar con una condición como esa? ¿Alguna vez alguien se ha puesto a pensar en la posibilidad de transformar por completo tu cuerpo, dolorosamente, por el de un animal salvaje y, además, que sea agradable aquella sensación?
Con el lobo vino la imprimación; así viene el paquete especial quileute. Y mi gran promoción incluía un vampiro "vegetariano" musculoso. Él no era el problema porque podía decir que era perfecto. O quizás es sólo la imprimación hablando por mí. El problema son las consecuencias de haber elegido a un vampiro como mi mitad, dado que somos especies enemigas. Ahora los enemigos son los quileute contra mí. Sé que respetan la situación porque la imprimación no es cualquier cosa, no es como decir que alguien tiene un enamoramiento absurdo y caprichoso, así que fingen que todo está bien con lo que mi lobo a seleccionado como compañero de vida.
Pero ahí no acaba todo.
No.
Leah, mi hermana mayor, se ha imprimado de un vampiro. Y no de cualquier vampiro. Leah se ha imprimado de Edward, del hermano de mi vampiro y el novio de una de las personas más detestables que he conocido. El simple hecho de que el rubio Cullen esté con una persona pone las luces en color rojo, de un peligroso rojo que indica que es alguien prohibido. Mi hermana lo sabe, o al menos ella asegura que es de esa manera. No puedo culparla de que se sienta de esa manera, ni tampoco puedo persuadirla a que cambie de idea y que luche por su impronta porque después de todo, ella siente que estaría haciendo lo mismo que Sam: siguiendo los instintos de lobo y dejando atrás a alguien con el corazón roto. Eso no podría hacerlo jamás. Pero yo no puedo dejarla así, sintiéndose culpable de algo que no es ni remotamente su responsabilidad, que ha estado fuera de su alcance y que, tampoco, preveía que pasaría.
Esa es una de las razones por las que ahora estoy en un bar, en Seattle, donde mi hermana Leah se vino a refugiar en medio de luces neón, música que revienta los tímpanos, cálidos cuerpos que bailan demasiado pegados unos de otros, y tragos de licor de dudosa procedencia, o al menos me hacen cuestionarme en si es alcohol adulterado o no.
— Lindo tatuaje.
Escucho a la perfección aquella voz seductora pero no estoy de humor para hacerle caso a un tipo que quiere coquetear conmigo cuando no tengo interés de encontrar a un chico para esta noche, así que lo ignoro olímpicamente en tanto paso mi dedo por la boquilla de mi botella de cerveza.
— ¿Desde cuándo los lobos bajan de su cueva y se juntan con los demonios como yo?— susurra el extraño al acercarse a mi oído; su voz es un ronroneo que me eriza la piel—. Debes de esta muy sola como para tomar esta suicida decisión.