17. Masterclass.

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Desde que Kakashi se volvió el Sexto Hokage su vida se tornó ocupada. Se la pasaba casi todo el tiempo trabajando y al llegar a su casa se dedicaba a dormir y a tratar de compensarle todo a su novio. Iruka insistía en que no le molestaba que Kakashi no tuviera tanto tiempo para él como antes, ahora el amor de su vida  cargaba con más responsabilidades y el debía entenderlo.

Era sábado en la mañana, Iruka despertó temprano pues no había dejado su costumbre de ir al orfanato a ver a los niños. Kakashi había dejado de acompañarlo ya que los sábados dormía hasta muy tarde.
El moreno se deshizo del abrazo del peli plata y besó su frente.

Caminó hacia el baño para tomar una ducha y cuando salió se vistió con algo cómodo y se fue a la cocina a hornear unas galletas para los nenes.

Quizás por el olor o por suficiente descanso Kakashi despertó y el chūnin solo fue consciente de aquello hasta que un par de fuertes brazos le rodearon por la cintura mientras decoraba las galletas.

— Buenos días precioso.

— Buen día amor— respondió girando la cabeza y besando la mejilla del peliplata.

— ¿Qué haces tan temprano?

— Galletas para los niños.

— Ya veo, hoy es día de visita ¿no?

— Así es. En cuánto termine me iré para allá, te dejé un poco de la cena de ayer, puedes recalentarla y desayunar eso. ¿O quieres que te cocine algo?

— Iré contigo.

— ¿En serio?— los ojos de Iruka brillaron en ilusión.

— Sí, hace mucho que no voy.

— Ahora que eres Hokage a los niños les hará más ilusión.

— Supongo. ¿Te ayudo a decorar?

El moreno asintió y le cedió la duya para hacer caritas felices con el merengue.
El peliplata la tomó y totalmente concentrado frunció el ceño y comenzó a dibujar la carita.
Sin embargo el resultado fue estrepitoso, la cara tenía un ojo más chico que otro y la boca la tenía torcida, se veía de todo menos feliz.

— Cariño, creo que la decoración no es lo tuyo.

El Hokage rió y besó fugazmente a su amante.
En lo que Iruka terminaba de decorar las galletas Kakashi tomó un baño, y cuando estuvo todo listo salieron tomados de la mano hacia aquel lugar.

En el camino algunos aldeanos saludaban a la pareja y se referían al menor como "Iruka sama" y eso lo hacía sonrojarse. Aunque alguna vez la anciana consejera Koharu le había reprendido a los aldeanos por llamarlo así, argumentando que hasta que Kakashi y el no estuvieran casados no había porque tratar al profesor con tal formalidad.

Llegaron al recinto y se adentraron aún tomados de la mano, saludaron a las mujeres encargadas del lugar que se sorprendieron por ver al mismísimo Lord Sexto.

— Ho-hokage sama ¿a qué debemos su visita?— preguntó una de las mujeres en pánico.

— Oi, oi, solo quería acompañar a Iruka a visitar a los niños. No pasa nada.

— E-está bien. Voy a traerlos.

Iruka sonrió y se acercó a su pareja.

— Al parecer ahora eres más intimidante— se burló en un susurro.

— Es incómodo ¿sabías?

Los veinte niños que habitaban el lugar salieron hacia el patio, entonces una de las profesoras habló.

— Niños, el día de hoy alguien muy importante vino a visitarnos. Así que pórtense bien y por favor recibamos a Hokage sama.

Los niños abrieron los ojos de par en par al ver a Kakashi entrar al lugar.
Iruka sonreía con emoción mientras sostenía la canasta con las galletas.

Los infantes aplaudieron con emoción y cuando Kakashi estuvo frente a ellos se puso un poco nervioso, aún no se le daba bien eso de hablar en público.

— Hola niños, bueno hoy...

Miró a su novio para obtener seguridad y este le regalo una sonrisa y un asentimiento con la cabeza.

— Hoy Iruka sensei me invitó a visitarlos y supuse que era una gran oportunidad, ustedes son el futuro de la aldea, por eso además de ser grandes shinobis deben ser grandes personas. Tienes que proteger a los que más quieren porque de eso va la voluntad de fuego.

— Hokage-sama ¿qué es la voluntad de fuego?

— La Voluntad de Fuego afirma que todo verdadero ninja de Konoha debe amar, creer, proteger y luchar por el bien del pueblo y de lo que cree— habló con seguridad mientras se paseaba por el patio.

Los ojos de los pequeños lo seguían mientras escuchaban atentamente sus palabras.

— Pero la voluntad de fuego debe ser heredada para que nunca se apague, ¿ustedes saben a quién?

— ¿A nosotros?— preguntó una nena de ojos azules enormes.

— Tienes toda la razón.

Después de su discurso los niños estaban motivados para ser los mejores shinobis que pudieran ser.

— Kakashi sen... digo Hokage-sama ¿podría enseñarnos a perfeccionar el tiro de kunais?

El peliplata sonrió y miró a su novio.

— ¿Tú que dices? ¿Ya tienen edad o aún es muy peligroso?

Iruka fingió pensar mucho la situación, mientras los orbes de los niños estaban clavados en él.

— Supongo que ya pueden aprender.

Los niños celebraron aquellas palabras y con ayuda de Kakashi empezaron a tirar kunais hacia un árbol, al inicio todos eran terriblemente malos, pero con los consejos de Kakashi mejoraron notablemente, aunque ninguno lograba tirar al centro.

— Espero venir más seguido para que puedan seguir practicando y puedan dar en el blanco.

— ¡Sí!

— Hokage-sama ¿podría hacernos una demostración?

Hatake se rascó nervioso la nuca y asintió. Jamás le gustó presumir sus habilidades, y jamás lo iba a hacer.

Tomó tres kunais en cada mano y mientras corría lanzó los seis kunais uno tras otro, al final todos dieron en el centro del tronco.

Los infantes aplaudieron y Kakashi sonrió apenado.
Miró hacia su novio y notó que estaba platicando con la señora Fumiko.

— ¡Niños, Iruka les hizo galletas!

Los aludidos corrieron hasta rodear al chūnin y recibir el pequeño postre. Le agradecieron y después se fueron a sentar al pasto para comer a gusto.

Kakashi se acercó al castaño que seguía platicando con la anciana.

— Kakashi hola, ¿o debo decirte Hokage?

— Kakashi está bien, señora Fumiko.

— Me pregunto cuando ustedes dos se van a llevar a algún niño.

Iruka que estaba comiendo una galleta comenzó a toser y a ahogarse con el alimento.

— ¿O no piensan adoptar?

— Claro que sí, solo que primero debemos casarnos.

— ¿Y qué están esperando?

Iruka se sonrojó y desvió su mirada a cualquier punto.

Una flor en mi libroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora