Dio Brando es un abogado de 27 años, que tiene que cuidar a sus cuatro hijos: Giorno, Donatello, Ungalo y Rikiel. Ellos le dan aliento para vivir el día a día, puesto que en el amor, no le ha ido muy bien.
∆Stands: Si, pero no tienen mucha relevanci...
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Habían programado verse el fin de semana de esa semana, el rubio se cuestionaba cómo soportaría toda una tarde con uno de sus enemigos de preparatoria, Jotaro Kujo.
Ellos se conocieron en el primer año de bachillerato, no solían hablar ni notar la presencia del otro, hasta que empezaron a tener una competencia, no solo en notas, si no también en deportes, y hasta en amistades, lo único en lo que no chocaban eran en chicas, puesto que el japonés no mostraba interés en ninguna, bueno quizá sí, en una pelirroja que no recordaba bien el nombre. Y si hubiese querido no se lo encontraría más en la vida, pero la vida da vueltas y el mundo es pequeño, porque tuvo que encontrarselo de nuevo y para el colmo tenia una niña encantadora que era la mejor amiga de su hijo, por lo que debía soportarlo si o si, por su hijo haría cualquier cosa.
Entonces, cómo habían intercambiado números quedaron en verse la tarde de ese sábado en el parque de diversiones The London Dungeon.
Para su mala suerte, el viernes tuvo que doblar horas por el día que asistió a la reunión de padres, por lo que trabajó todo ese día y llegó tarde a casa, con suerte Mariah estuvo con sus pequeños hasta la hora que él llegó.
Con Mariah tenían una gran amistad, nunca pudo verla como nada más por aquello y porque ella estaba casada.
—Muchas gracias por quedarte hasta estas horas, en verdad no pensé que se alargaría tanto el juicio— suspiro algo agotado dejando su chaqueta sobre la mesa de entrada junto a su maletín
—No tienes nada de qué preocuparte, para mi es un placer— sonrió, de pronto sonó su teléfono —Es mi marido, acaba de llegar a recogerme, hoy tenemos una cita— dijo bastante emocionada
—Que les vaya muy bien entonces, le mandas saludos de mi parte
—¡Por supuesto! Nos vemos— abandonó la casa con una sonrisa
—¡Ya llego papá!— gritó Donatello bajando las escaleras con apuro
Suspiro y ocultando su cansancio tomó al niño entre sus brazos —Donatello ¿me has extrañado hoy?
—¡Papá!— era la única palabra que hasta el momento podía pronunciar bien, y de la emoción que tenia no se agarro bien del pasamanos de madera y cayó
—¡The world!— detuvo el tiempo casi al mismo instante en el que noto que Ungaro perdía el equilibrio, se atemorizó de que el niño se lastimara que prácticamente reaccionó por instinto, y si bien no solía usar mucho esa habilidad notó que le sería útil en varias ocasiones, con su stand tomó al niño hasta traerlo a sus brazos —El tiempo retorna su curso— suspiro aliviado