Dio Brando es un abogado de 27 años, que tiene que cuidar a sus cuatro hijos: Giorno, Donatello, Ungalo y Rikiel. Ellos le dan aliento para vivir el día a día, puesto que en el amor, no le ha ido muy bien.
∆Stands: Si, pero no tienen mucha relevanci...
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Cuando amaneció la fiebre seguía siendo la misma, los doctores ya le habían realizado todos los exámenes posibles y no lograban entender completamente qué es lo que ocurría con el niño.
Dio se encontraba sumamente preocupado, no sabía si continuar ahí o irse a otro hospital, desesperación era la que sentía a cada instante, además de que Giorno no despertaba, los doctores hasta decían que debido a la fiebre había entrado en coma. Se encontraba en una silla junto a la cama, sin saber más que hacer, entonces lo escuchó balbucear.
—Mamá
El menor sin abrir los ojos balbuceaba las misma palabra una y otra vez dándose vueltas.
—Giorno estoy aquí contigo, no te preocupes tu vas a...— a pesar de que intentaba hablarle él parecía no escucharle, además que en el fondo le sorprendía demasiado, puesto que él nunca solía llamar a su madre de ninguna manera y ahora la buscaba, eso le entristeció más; eran cerca de las ocho de la mañana, salió a la sala de espera y llamó al número de Alessandra, si bien no quería verla, era la madre de su hijo y él la necesitaba.
Pero pasó insistiendo cerca de media hora y ninguna de sus llamadas fue contestada... En verdad esa mujer era lo peor que había conocido. Volvió a la habitación ahí seguía su hijo balbuceando junto con la enfermera de turno, que llamó su atención, estaba de espaldas y su cabello rojizo resaltaba —¿No le baja la fiebre?— preguntó esperando obtener una respuesta positiva
—No... Esto ya es muy malo, yo le recomiendo que— se dio la vuelta para mirar al hombre y sé quedó en silencio un rato, no pensaba encontrarlo ahí —Dio...
Su reacción fue casi similar, estaba completamente sorprendido y como dicen muchas personas en realidad el mundo es más pequeño de lo que parece —Noriaki...— medio sonrió —Tenía mucho tiempo sin verte... Has cambiado... Has cambiado mucho...
—Lo mismo digo... No pensaba encontrarte aquí...— también medio sonrió —Creo que deberías llevar a tu hijo a otro hospital... Esta muy mal
—Lose, pero ¿No es este uno de los mejores hospitales aquí?
—Sí, pero no hemos logrado saber qué le ocurre, entonces-
—¿Y si allá tampoco encuentran nada?— suspiro y fue a sentarse al sofá —No sé qué haré si llegará a pasarle algo peor
Continuó intentando bajar la fiebre al menor —¿Por qué no llamas a su madre? Lo único que hace es llamarla una y otra vez
—Ya lo hice... Pero esa mujer no se digna en contestar mis llamadas
Asintió sin decir nada más, la verdad es que sus sentimientos estaban algo confusos, luego de tantos años volvía encontrarse con el hombre que alguna vez fue su amor platónico, pero como veía la cosa ahora tenía una vida diferente, por lo que dejaría eso de un lado y se concentraría especialmente en su trabajo, que era cuidar de ese niño.