Un perro o un gato son más que mascotas; ellos son familia. Es así como Hermione y Draco lo sienten, por lo que es inevitable que se encuentren y enamoren el uno del otro, cada uno tiene cierto misterio por el que llegaron a convertirse en cuidadore...
¿Cómo debería empezar a contar mi historia? Aunque a mis 29 años no hay mucho que decir ya que para mí todo se detuvo a los 24 años. La melodía perfecta para definir mi vida es Invierno de Vivaldi, para mí la música es lo único que me mantiene cuerdo; cierta parte del soneto es la descripción de mi vida actual:
Los días quietos, ir del fuego al lado mientras fuera la lluvia moja a ciento; caminar sobre el hielo a paso lento; por temor de caer, ser avisado.
Dicen que nací en cuna de oro, es más bien en una cuna de plata. Aunque ser clase media o alta no tiene ningún significado para mí. Mi padre es un psiquiatra y mi madre es cirujana plástica, por lo que nunca faltó comodidades en casa, solo el amor, pero no me quejo.
Crecí rodeado de niñeras extranjeras, algunas eran francesas o rusas para que yo aprendiese a hablar distintos idiomas, mas solo recuerdo a una en especial "Eomma Kim" una mujer coreana que amaba la música clásica y los perros. De ella aprendí a apreciar lo que se me daba, el reciclaje y los modales, además de escribir en Hangul y hablar su idioma. Creo que terminó por convertirse en una verdadera madre para mí y si Narcissa me escuchase decirlo probablemente me odiaría todavía más. Cuando entré a la adolescencia mi niñera dejó de cuidarme y regresó a su país, así que por primera vez fui consciente de que los días que mis padres pasaban en casa era para descansar de sus guardias del hospital. Su ausencia me dio libertad para vivir mi adolescencia como yo quería.
No fui un chico problemas, no. Yo era brillante, en clase de música fui excelente con el violín y la guitarra, era muy amado por mis profesores y las chicas, lo cual se debía a los genes de mis padres que tenían una característica única para ganarse a las personas con sola su presencia. Caso contrario a mi prima, Luna Lovegood, ella resultaba estar siempre en las nubes y a pesar de ser un año mayor que yo, tenía que cuidarla para que no hiciera ninguna tontería. Que su rostro dulce no te engañe suele meterse en muchos problemas con más facilidad que el respirar. Alguna vez descubrí que tenía un cachorro casi muerto en casa y la obligué a regresarlo a su verdadero amo, lo que hizo que Luna volviese a estar soltera. Es dulce, pero muy despistada, lo sé porque confesó haberse equivocado en ingresar a una sala de operación distinta a su especialidad.
Cuando ingresé a la universidad estudié dos profesiones, la primera era como médico cirujano como deseaban mis padres, la segunda ingresé a la universidad de las Seis Artes para estudiar música. Mis años universitarios fueron grandiosos, pero nunca tuve tiempo para salir a citas ya que estudiar dos profesiones a la vez me dejó menos tiempo de lo que esperaba (por mucho que Luna tratara de presentarme a la prima de su novio, no lo logró). Lo peor empezó cuando el hermano de mi padre decidió que elegiría como herederos a director del hospital de entres sus sobrinos, lo que nos convirtió a Luna, Daphne y yo en competidores directos o eso lo sentí de parte de ellas, mis turnos en el hospital se duplicaron dejándome apenas tiempo para asistir a clases donde podía caer dormido si no bebía café. Según mis padres yo tenía la ventaja sobre mis primas por ser hombre e intentaban instruirme para alcanzar su meta en la dirección.
Me daba igual ser o no el director, yo quería convertirme en profesor de música y obsequiarle el título de médico a mis padres, quería hacer tantas cosas en mi vida en lo que respectaba a la música, tenía muchos anhelos, pero un accidente automovilístico me arrebató todo, pasé medio año en coma y cuando por fin desperté ya no podía ver. Mi visión era como la noche y mis sentidos parecían haberse vueltos locos, aunque con el tiempo mi padre y el cachorro que me obsequió fueron los único que me animaron a continuar viviendo cuando la operación no me regresó la vista.
Heme aquí, perdido en un país extranjero porque mi perro lazarillo fue corriendo tras quien logró robar mi teléfono, hacía mucho que no me sentía tan desamparado, ni siquiera ocurrió cuando Narcissa me odió por rechazar la segunda operación para recobrar la vista, me rendí y aprendí a vivir con lo que tengo como me enseñó eomma Kim. Ahora no sé a quién pedir ayuda, sí, mi vida en las tinieblas es penosa cuando Willow trata de defenderme y desaparece de esta manera.
— Annyeonghaseyo — es el saludo de una voz femenina. — ¿Habla inglés? Mi coreano es muy limitado y casi inexistente.
— Sí, hablo inglés. — Siento como sus manos heladas toman las mías para entregarme ponerme una correa— ¿Qué hace?
— Vi como lo asaltaron y al can correr en dirección al ladrón. — Su voz es dulce. — Fui por Willow, creo que es demasiado joven y falta entrenar ya que dejarlo solo no es parte de sus funciones como lazarillo. Lamentablemente no logré recuperar su teléfono... Pero puedo ayudarlo hasta que venga alguien por usted.
Al parecer leyó el nombre de mi perro en su collar, era extraño ya que ni siquiera es amable con los extraños que se acercan a él con intención de acariciarlo.
— No se ha presentado, soy invidente, pero no tonto. — Comento, en estos tiempos ni las voces dulces son lo que aparentan ser, aunque ella suena muy confiable.
— Disculpé, olvidé hacerlo. — Toma mi mano libre para colocar una tarjeta en ella. — En el anverso están los datos de mi clínica en braille. Soy Hermione Granger, médico veterinario en Liverpool y estoy en Seúl de vacaciones.
Ella es veterinaria, eso explica porque Willow no le ladra, ha de tener una habilidad especial para simpatizarle.
— Draco Malfoy, invidente. — Su tarjeta parece ser real, y su nombre debí escucharlo, pero no voy a revelar más de mi identidad. — ¿Nos conocemos? Siento que he oído su nombre alguna vez.
La escucho reír suavemente — Me pasa lo mismo con su nombre, pero decidí no usar esa frase porque aquí la usan mucho para ligar. Aun así, sé que nunca lo he visto.
Ahora yo caigo en cuenta de que está en lo cierto, no estoy ligando, pero solo su nombre me es conocido. Escucho sonar la melodía Primavera de Vivaldi. Parece ser el teléfono de ella porque de inmediato la siento contestar y hablar con el interlocutor que es su madre. Nunca antes he sentido tanta necesidad de ver a mi interlocutor, deseo que eomma Kim llegue pronto para que pueda describírmela, por ahora me basta saber que escucha a Vivaldi. Podría decir cursilerías como el amor a primera vista, pero eso es más irónico en mi situación... probablemente mi vida ha llegado final del invierno para encontrarme con el inicio de mi primavera.
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Eomma //Omma//: Mamá en coreano.
Annyeonghaseyo: Hola en coreano
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