7. PELEADOS ¿OTRA VEZ?

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-         Sígueme desde lejos, no quiero que nos vean juntos. Cuando llegue a mi casa te esperas diez minutos y luego picas.

-         Vale – dijo él.

Eva se dirigió hacia su casa, Hugo la seguía a una distancia adecuada para que nadie pensara que iban juntos.

-         Papá, ya estoy en casa – chilló Eva entrando por la puerta.

-         Hija, ya era hora – dijo su padre – tienes que ir a recoger a tu hermano a música.

Ding – dong.

-         ¿Y quién es ahora? – dijo el padre de Eva.

-         Un compañero de clase – le respondió ésta – que viene a hacer un trabajo.

-         ¿De verdad Eva? – dijo su padre emocionado - ¿Vas a aplicarte y vas a aprobar?

Eva abrió la puerta y se encontró a Hugo saludándola con la mano. La verdad que era muy mono, con los ojos verdes y eso...lástima que sea un cateto.

-         ¡Ei!

-         Entra rápido, ¿te ha visto alguien?

-         Em, creo que no.

-         Ejem – dice el padre de Eva que seguía plantado mirándolos.

-         Ah, sí... - dice Eva – éste es mi padre, Kike.

-         Encantado –dice Hugo extendiéndole la mano.

-         Bueno vamos que no tengo toda la tarde.

-         Hasta luego señor – dijo Hugo siguiendo a Eva que había desaparecido por la escalera.

Hugo pica a una puerta que le parecía que se acababa de cerrar.

-         ¿Eva? ¿Estás ahí?

-         Sí, sí, entra – dice una voz desde el otro lado de la puerta.

Éste entra y se la encuentra sentada en la mesa del escritorio mirando hacia él mientras se come una piruleta.

-         Bueno, ¿empezamos? – dice Hugo.

-         Yo... es que no voy a hacer el trabajo – dice Eva – tengo que ir a buscar a mi hermano y he quedado luego con Rafa, así que si no te importa lo haces tú solo.

-         ¿Perdona? ¿Me haces venir hasta aquí y ahora me dices que no lo vas a hacer? ¿No lo podrías haber dicho antes? – dice Hugo levantándose de la cama dónde se acababa de sentar – ya sabía yo que tan buen rollo no podía ser normal.

Hugo salió de casa de Eva muy cabreado, no sabía por qué se había fiado de ella, lo tendría que haber hecho él solo, hubiera acabado antes y no hubiera perdido toda la tarde. Hugo iba centrado en su cabreo, y en cómo iba a hacer el trabajo, cruzando las calles sin mirar.

Eva se quedó en casa, le sabía mal pero no podía arriesgarse a que se chivara de que había hecho el trabajo; su popularidad bajaría más abajo que la del propio Hugo.

De repente Eva oyó el frenazo muy fuerte de un coche, un golpe y a gente chillar. Se asomó a la ventana de su habitación.

-         ¿Hugo? – susurró, y salió corriendo hacia la calle.

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