capítulo 17.

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Ambos
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Akaashi sabe cosas.

Él sabe muchísimas cosas porque es bueno en un montón más, nació con la habilidad de aprender, pero incluso si se crió para ser diferente al resto de los omegas, él sabía que en el momento de conocer a su alfa sucumbiría a la sumisión natural que se presentaba por el género superior de la cadena.

Esa fue la primera vez que Akaashi se equivocó.

El momento en el que conoció a Bokuto fue tan disparejo como perfecto porque nada cambió, lo único que se alteró fueron como sus latidos que se aceleraban y sus feromonas se descontrolaron, provocando que su respiración de un vuelco y sus ojos de incrusten en los contrarios.

Entonces, escuchó « Es aquí ». Fue un susurro que bailó suavemente en su oído y permaneció estridente en su cabeza, contagiando el vals con su corazón e infectando sus venas, logrando que se expanda cual enfermedad por todo su cuerpo.

El problema de esa analogía fue que Akaashi no se sintió enfermo, sino que satisfecho e ilusionado por más mientras se perdía en el oro ardiente del alfa que miraba con curiosidad.

Su voz logró que sus manos temblaran, era un equilibrio tan idílico entre lo alegre, lo ronco y la emoción, porque Bokuto había sentido lo mismo con la diferencia de que la voz de Akaashi era la danza de lo inesperado, lo correcto y la pasión.

Akaashi recuerda haberse equivocado muchas veces después de eso, porque se dio cuenta que las cosas eran diferentes si se trataban de él y Bokuto.

Porque Bokuto no seguía su instinto y Akaashi no era como el resto de los omegas, quizá eso explicaba muchas cosas, pero también complicaba muchas otras. Sin embargo, ellos siempre lograban resolver esos asuntos disparares ya sea juntos o separados.

Recuerda ese momento hace ya unos tres años, justo ese día en el que su celo salió de control enfrente de un alfa, recuerda que en esos momentos en los que recuperaba la conciencia sintió miedo, recuerda haber llamado a Bokuto sabiendo que después podía a arrepentirse, pero nada de lo que creyó que pasaría pasó, él cuidó de su seguridad, se encargó de hacer lo imposible por contenerse y buscó ayuda antes de sucumbir. Sin embargo, aunque probablemente todos creían que lo único que hacía Bokuto era contenerse -porque escuchó eso de su madre-, él también recuerda ver el temor en sus ojos, trató de encubrirlo con falsa seguridad, pero en el fondo era el temor lo que yacía en su pecho conforme la posibilidad de que le pasara algo a Akaashi, pero además de eso, también había cariño, porque Akaashi era lo más preciado que podría tener en su vida y no se atrevería a tocarle un pelo con malas intenciones, y si existía alguien que trate de hacerle pasar mal, sería él mismo quien lo defienda hasta el último de sus latidos sin importar que deba derramar sangre, sudor y lágrimas por ello.

De la misma manera, esperaba que eso nunca llegase a pasar porque Bokuto odiaba usar las ventajas de su segundo género para sentirse superior al resto.

Eso hacía que Akaashi defendiera tan bien su postura de que Bokuto era diferente a los demás alfas.

Uno de los ejemplos más demostrativos pasó hace lo que en poco tiempo sería un año, eran vacaciones de verano y Bokuto se había graduado, consiguió con éxito una beca deportiva -Akaashi estaba realmente orgulloso porque él todavía ni sabe que quiere estudiar- y se había decidido por estudiar pedagogía en educación física y salud, prometiendo qué, cuando llegue el momento de retirarse del volleyball profesional, sería él mismo quien enseñe y comparta su conocimiento.

En esos momentos inflaba el pecho con ego debido a que creyó no haber podido tomar una mejor decisión con su futuro profesional, pero a diferencia de muchos alfas a Bokuto se le instaló la duda, él nunca dejó que abusaran del resto por su segundo género, por ende él no había hecho eso tampoco, así que no poseía esa seguridad invicto de que todo saldría a su favor porque los alfas estaban destinados a ganar.

Por eso, Bokuto era distinto al resto, él no confiaba en su segundo género para cada una de sus decisiones, temía que seguir avanzando significara dejar lo que logró. Tenía miedo, porque él estuvo solo durante mucho tiempo, porque él practicó y practicó hasta el cansancio para llegar a lo que era ahora, porque el éxito no era solo talento, sino también convicción y ahora todo ese esfuerzo daba sus frutos, ese camino que cambiaba zigzagueante dio vuelta una vez más y supo que esa ya era una carrera diferente.

Por eso Bokuto tenía miedo, porque por instantes llegó a creer que las vueltas que dio en su camino anterior se repetirían y podrían alejarlo de lo que se unió al camino de antes, más específicamente Akaashi, que fue y siempre será alguien sumamente importante en su vida ya que dejó una marca permanente que estaría con él hasta el fin de los tiempos.

Cuando Akaashi notó eso, adoptó una sonrisa relajada, dijo que no pasaría nada porque no era el fin del mundo, pero Bokuto, que siempre era sorpresivo, le dijo que era su mundo.

Akaashi pudo tomárselo a la ligera, pero sabía muy bien que esas palabras no eran vacías y falsas, porque cuando Bokuto profesaba su amor  era tan real que podía sentirlo con certeza, por lo que entonces, él sonrió como solamente Akaashi Keiji sabía hacerlo y juró quedarse eternamente a su lado, con corazón y alma. Así era Akaashi, fiel a lo que amaba, y él ama a Bokuto, siempre lo haría porque desde el momento en el que se vieron, sol ardiente contra la noche oscura, se unieron para la eternidad.

Por eso Akaashi ahora lo veía contento, todavía vestía el informe del Fukurodani cuando realmente en tres días era la graduación, Bokuto lo había invitado a su última práctica oficial en el equipo universitario -aunque de todas maneras deberá seguir jugando, pues debía hacer valer la beca, es solo que ahora estaría más ocupado con las prácticas de su nuevo equipo donde sería suplente-, miraba todo desde las gradas, Bokuto se movía por la gran cancha de manera enérgica lo suficientemente concentrado en el juego, el entrenador se le había acercado hace poco, fijándose en el desempeño de los jugadores.

— Será grande. — dijo refiriéndose a Bokuto, eso Akaashi lo sabía bien, porque más que un comentario al azar es un hecho inamovible.

El entrenador seguirá formando a Bokuto, porque dejará todo lo que sabe en él para que siga creciendo y se convierta en la mejor versión de si mismo, todavía le quedaban muchos años para que realmente se fuera.

— Cuídalo.

Sus ojos se cerraron levemente cuando el entrenador dijo eso, se le escapó una sonrisa mientras su mirada se dirigía nuevamente a Bokuto.

— Él no necesita que lo cuide.

Pero siempre estará ahí para él, tal como Bokuto, porque se podían cuidar solos pero estarán ahí para él otro. Se pueden cuidar juntos.

Y ambos sabían que eso era ser ellos mismos, era natural, era lo adecuado, era perfecto.

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Holiwi  ¿Cómo están?

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¡EL CAPÍTULO ESTÁ DEDICADO A Akagami_Ani y K4tiope!
Fueron los que estuvieron más cerca, la respuesta era: un par de gemelas alfa y un niño omega

Martes 2 de febrero.
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Perfect | BokuAka Donde viven las historias. Descúbrelo ahora