A veces las segundas oportunidades que te da la vida no se parecen en nada a lo que esperabas, miles de sorpresas puedes llegar a encontrar cuando "persigues tu destino".
Han pasado 3 años desde que entré al templo de oro. La experiencia ha sido radical, sorprendente, incluso intrigante sabiendo que estando solo en un templo durante años y aún así haber permanecido cuerdo todo ese tiempo.
El templo de oro tenía vida propia, durante los primeros 3 años lo único que me guiaba era la infinidad de las habitaciones dentro del mismo, todas tenían un fin, otras compartían el mismo. Infinidad de mecanismos de combate, infinidad de bibliotecas, me entrenaba mental y físicamente cada día, y al mismo tiempo se encargaba de nutrir mi organismo adecuadamente, todo era mágico y tecnológico a la vez.
¿Cómo sabía cuanto tiempo había pasado? El templo permanecía en un patrón de entrenamiento bastante particular, en el cual al inicio de cada día me entregaba una pequeña libreta con el número del día, una guía básica de lo que desarrollaría, pronto entraría en una habitación con otra libreta al comenzar explicando de forma detallada el punto a desarrollar para posteriormente llevarlo a la práctica. Al final de cada entrenamiento tenía acceso a una comida y una hora de descanso dentro de una biblioteca donde podía leer lo que quisiera.
Ese era el patrón, cuya culminación era abrir una puerta que me llevaba a la misma habitación donde podía dormir. Cada noche era exactamente igual, pero al despertar todo era totalmente diferente al salir de lo que conocía como "mi habitación"
Con el tiempo comencé a escribir un diario cada noche, anotando cada aprendizaje. Al principio mi forma de escribir era la de un niño, pero más adelante reemplazaría ese diario por uno más actualizado.
He crecido un total de 40 centímetros hasta ahora, mi tono de voz ha cambiado sin contar los demás cambios que la pubertad trae consigo, incluso comenzó a crecer ligeramente mi vello facial.
Algo que había comenzado a detestar era mi cabello, anteriormente mis padres se encargaban de mantenerlo corto y bien cuidado, luego de 3 años sin darle el mínimo trato terminó siendo un desastre, el mismo alcanzaba mis rodillas con facilidad, lo único bueno era que lo mantuve lo más limpio posible pero tanto cabello era insoportable.
Por otro lado mi ropaje no fue un verdadero problema, tuve acceso a múltiples bibliotecas de artes místicas y conocimiento mágico. Con un poco de alquimia y magia terminé por encantar mi ropa para que se adaptara a mi crecimiento, (bueno, al principio obtuvo vida propia).
En el día 133 del tercer año, todo cambió radicalmente. Salí de mi habitación luego de desayunar, y encontré una libreta muy diferente a todas las demás.
"La Bestia de los Mil Mundos" era su título, contaba la leyenda de una bestia ínter-dimensional que visitaba cada cierto tiempo nuestro mundo, con la intención de buscar seres de alto poder para ingerirlos y sufrir un proceso de metamorfosis luego de digerirlos, todo esto para volverse aún más fuerte cada vez. Su apariencia no estaba definida, cambiaba en cada encuentro pero lo único que permanecía dentro en la misma era su silueta bestial.
Según la leyenda, aquel que lograra vencerla y extraer una mínima parte de su ADN para juntarlo con el suyo adquiriría un poder similar al de la bestia.
El libro era distinto a todos los demás, no tenía una guía ni nada parecido, ni aún un punto a aprender, ¿Qué hacía ese libro allí? Solo describía las cualidades de la bestia de forma breve, no mostraba debilidades en lo absoluto, ¿Acaso tenía que enfrentar aquella bestia? Esa respuesta la recibí al cerrar el libro y colocarlo nuevamente en su base.
Acto seguido, la puerta que se encontraba a un lado de la base del libro se abrió al momento.
Finalmente luego de 3 largos años pude salir de dicho templo dorado, pensé que mi entrenamiento había culminado. Observé mi alrededor dándome cuenta de que nada era igual al lugar de donde venía, me encontraba en una llanura sin vida alguna ¿Dónde estaba realmente? ¿Acaso el templo se había movido? Miré en dirección al templo, había salido por la parte trasera del mismo. Aprecié que el templo era semejante a un laberinto vertical desde atrás ¿Dónde estaba Kenny?
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Destino o Decisión.
FantasyAlgunas personas afirman que el destino no existe, que somos nosotros quienes escribimos nuestra historia. Otros piensan lo contrario, que todo se basa en el destino. Al final siempre están interconectados, pero todo el tiempo termina surgiendo la m...